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jueves, 18 de diciembre de 2008

¡FELICES FIESTAS NAVIDEÑAS! (En clave de humor y resaltando tópicos)




















Una de mis dos neuronas
se ha negado a funcionar.
Los quería felicitar
estas Fiestas sabrosonas,
por el champán y el caviar,
y una que dice que nones
y la otra que se me queja,
me dice que ella está vieja
y de todos los “marrones”
se libra la otra “pendeja”.

Así que, lo siento amigos,
pocas luces que uno tiene,
el 2009 que viene,
mis neuronas como un higo,
y no es por falta de higiene
que las lavo con alcohol,
a diario, varias veces,
incluso, a veces, con creces,
y las dejo como un sol,
¡que se dejen de memeces!

Y es que se quejan de vicio,
que siempre están regañando
y yo ya me estoy hartando
de sentir el estropicio,
que forman de cuando en cuando.

Así que yo, a lo que iba…
Sí... pues... quería desearles
¡que pasen muy buenas fiestas!
Y que se gasten en éstas
-no pretendo influenciarles-
cada uno lo que quiera...
Y a ese cuñado payaso
que tenemos, pues ni caso,
y si es la suegra o la nuera...
-que de una a otra hay un paso-
pues, como todos los años,
a callarse, que la cena
luego después se envenena
y en las tripas te hace daño,
y en lugar de... “hacer faena”,
-como dicen los taurinos-
pasamos, como cretinos,
solos, la noche en el baño.
Y así siempre, año tras año,
como el anterior, amigos.

Y tu mujer que te dice:
¡Si no hubieras bebido tanto!
y no... que ahora... ya ves
¡con dos palmos de narices!
Ya es que ni de mes en mes...
y ya no recuerdo cuando
"lo hicimos" la última vez...

Y tú, con dolor de tripa,
y es que el champán era malo,
¡como el bueno cuesta caro!...
y estaba caliente... ¡coño!
que la suegra, por ahorrar
para ir a tintarse el moño,
ni un Euro quiere gastar
en comprar un frigorífico,
y a este le tiene que atar
con una cuerda la puerta
para que pueda enfriar.

Y el asado estaba duro,
y las pastas muy grasientas,
y la suegra, muy contenta
tras el “éxito” obtenido
con el cordero y el vino,
reparte después los puros...
¡Más secos que un ojo tuerto!
y te dice: ¿Otra copita?

Y el suegro -el pobre- te mira
cual cordero degollado,
como está siempre callado
porque si habla le dicen:
Tú, cállate, fulano
que tú, de eso no entiendes.
Por eso el hombre comprende
por lo que estamos pasando...
¡cualquiera se atreve a hablar!
y, por eso, él.... sólo mira
como diciendo... ¡anda, hombre!
por un sacrificio más...

Tú estás por decir que no,
porque el güisqui es peleón,
mas... tu mujer que te mira,
como miran las mujeres
cuando de veras te miran,
y tú sientes... que te mueres...
que ya te suenan las tripas…

Pero al ver esa mirada
y escucharle a la cuñada
como le dice a la hermana:

No, si nos dará la cena
el día de Nochebuena.
Seguro que ya ha bebido
en el bar con los amigos,
porque con ellos sí bebe…
Si hasta me han dicho que tiene
en el bar un reservado
donde acude de tapado,
vete tú a saber por qué…
Mas… no quiero decir nada,
que no me gusta pinchar

Y tu mujer que contesta:
Qué cosas tienes, mujer,
¡Si me entero que algún día
se me va con otra tía,
todo lo que tiene de hombre,
que es más bien poco que mucho,
se lo corto y para el chucho.

Ya no hay nada que te asombre
y le dices a la suegra...
Bueno... pero poquito... que luego...
Y aquí es dónde salta el cuñado
–ese gordo y colorado
que sólo piensa en tragar–
¡Es que luego se emborracha,
como no está acostumbrado!
Y tú sonríes por fuera,
más por dentro estás pensando
¿se creerá que hace gracia
este tío tan pesado?

Más... ya me he vuelto a revirar
y esto ya se está alargando
sin que haya podido hablar
de mis deseos para ustedes.

Deseo que “vuesas mercedes”
tengan a bien disculpar
si me desvié del tema,
y es que llega Nochebuena
y les quería desear,
que tengan muy buena cena,
eso sí, en plan familiar,
y... ¡que se olviden de penas!,
que el 2009 ya llega
y seguro que vendrá
repleto de cosas buenas.

Paz, amor, felicidad,
son cosas que los desea,
de corazón, de verdad,
de esta sencilla manera,
tan larga como sincera,
un buen amigo de ustedes
que les admira y les quiere...
Antonio Urdiales… ¡Ya está!


© Antonio Urdiales ~ ® Diciembre 2008

viernes, 12 de diciembre de 2008

Quiero que estallen mis silencios















Quiero que estallen mis silencios esta noche,
como estalla un volcán, en fuego vivo,
y con grito ronco romper el eco de la aurora,
para decirle al mundo que aún no he muerto.

Que, aunque vencido por tu ausencia
hibernaba abrazado un instante a mis angustias
hoy, por fin, algo quebró mi cobardía
y aquel sueño que perdí, de un aroma femenino,
ha quedado enterrado, finalmente,
bajo el polvo del camino recorrido.

Por las vidas no vividas que aún me quedan,
alzo mi copa y brindo jubiloso,
para beberme hasta las heces la alegría
que embriague las arrugas que en el alma llevo.

Comenzaré de nuevo a cabalgar los vientos
y cruzaré veloz de parte a parte
el rio de las nostalgias sin mojarme;
le robaré a la mañana su luz y su perfume,
saquearé al ocaso su paz y sus colores,
y exprimiré la locura desbocada de la noche.

Quiero atrapar desde el presente, sin distancias,
el humanismo en la ceguera de mi pluma,
desterrar como argumento la violencia,
y reencarnarme en la memoria del futuro.

Quiero amar de nuevo, hasta que salten
mis venas impulsadas por la sangre,
sentir de la vida su fragancia,
abrasarme en el volcán de mis pasiones,
y gozar, rebosando lava hirviente,
en los valles de las diosas descaradas

Buscaré la paz de una mirada amiga,
de un gesto fiel, de un beso tierno,
y atravesará mi sombra la luz de los espejos,
hasta encontrar el calor de una sonrisa amable.

Quiero exprimir la vida, hasta asfixiarla,
hasta sentir como saltan los goznes de las puertas
que me impiden mirar y ver que ocurre,
cuando agotada ya la tinta del tintero,
muera en el silencio de mi pluma,
y me pierda en la espiral del infinito.

© Antonio Urdiales ~ ® Diciembre 2000

lunes, 8 de diciembre de 2008

Y yo aquí, intentando lavar mi conciencia


















Dicen
los que de esto saben y entienden
que por el sur los verbos
se conjugan siempre en subjuntivo
y que el modo imperativo
es el que ondea por este norte insolidario.

Que la miseria huye de la noche de ese sur
a veces intentando escapar de odios genocidas
inducidos por algún iluminado cargado de medallas
pero siempre sangrando puñaladas rígidas de hambre
y que desesperada se juega la vida al todo o nada
navegando océanos de angustia
hacinada en pateras o en cayucos caducados
pero que el mar, ese implacable negociante,
se cobra siempre su cumplido porcentaje.

Otros, buena gente, dicen
que nada suena tan terrible
como el eco del disparo de un AK47
entre las manos de un niño combatiente
poco más alto que aquél,
pero tal vez haya un ruido aún peor
el que hace la bala disparada desde un AK47
al golpear brutalmente
la cabeza de un niño combatiente.

Hay quien dice también
que por los basureros de las grandes urbes de este norte
abundan ratas tan enormes y niños tan pequeños
que a veces se los confunde escarbando entre la basura
y que sólo se los distingue
por las cicatrices de los profundos cortes
que estos se producen mientras rebuscan su sustento,
o por la oscura piel curtida en suciedades,
o el silencio profundo anidado en su mirada inquisitiva.
Pero nadie dice nada
de esas otras ratas que habitan un despacho inalcanzable
reyes Midas que prostituyen lo divino para decidir sobre lo humano
capaces en su ansia de poder y de riqueza
de generar cualquier holocausto que les rente un beneficio

Otros, gente creyente,
dan gracias a su dios por tener de todo
y lavan su conciencia con agua bendita
y golpes de pecho,
y piden rezando en las iglesias por los pobres
y pagan el peaje para tener vía libre hacia el cielo
encendiendo velas
a la más milagrosa de las imágenes
y son felices pensando que todo está bajo control
porque nada escapa a la mirada del todopoedroso.
Pero los dioses, parece ser
que también padecen su norte y su sur,
y bastante tienen
con ir clasificando las almas de los muertos
que genera nuestra ambición y nuestro odio
para que ninguna del pecaminoso sur
se les cuele en su santificado norte.

Y yo, aquí,
en esta mañana de lluvia intermitente,
como todos, intentando lavar mi conciencia.

© Antonio Urdiales ~ ® Diciembre 2008


jueves, 4 de diciembre de 2008

Hoy la soledad














Hoy la soledad es tronco naufragado
donde cavan galerías las larvas de la ausencia
y cincela epitafios el olvido.

Qué lejos se oye el eco de los pasos que partieron
y como crujen los zapatos que regresan
por estas callejuelas empedradas de tristeza
que descienden entre alientos a catacumbas caducadas
y neones que añoran los malvas del ocaso
hasta el andén de los pasos vencidos
donde, mochila de esperanza al hombro,
se aguarda siempre un tren que nunca llega
y un sueño pasea su impotencia
como el sol por las callejuelas de Fez el Bali,
perdido por laberintos de recuerdos.

Comenzar de nuevo sería necesario, al menos
para dejar de saltar en cada precipicio
intentando alcanzar la luz de tu prehistoria
y acabar entre sábanas revueltas
abrazado a las nauseas de la nada,
o volver a sentir otra vez
la brisa de diciembre en pleno rostro
sin tener que regresar la mirada hacia ese nunca
que tras el eco sombrío de un silbido
se tragaron las fauces de la tierra.

© Antonio Urdiales ~ ® Diciembre 2008

lunes, 24 de noviembre de 2008

Hoy traigo el filo de la lengua en carne viva














Es en esta soledad de monasterio abandonado
en este pentagrama de notas exiliadas
donde escribe el silencio los arpegios de su réquiem.

Por el espacio resignado de la noche
flota un susurro de cantos gregorianos
y en mi celda
la nostalgia regresa cataratas de hiedra taciturna
por donde tu nombre escala a mis balcones

Pero no, no es hora aún de lamerme las heridas
ni como muecín en minarete convocar a los recuerdos
para enjugar el llanto frío que llueven sus cristales.
Otro día, tal vez, hablaré de lágrimas suicidas
que se camuflaron de vapor en andenes solitarios
o de los puñales que clavan
los silbidos de los trenes cuando parten.

Pero hoy no.
Hoy es uno de esos días en que escuece tanto la memoria
que cambiaré mis lamentos por dentelladas de osadía,
para hablar del rezo creyente en las guadañas de lo alto
que aplicaron sus guadañas en lo bajo.
Blasfemaré indómitas verdades sobre Cruzadas de elegidos
bendecidas por padres con tonsura, sotana y alzacuellos
que abusaron más del palo y de la carne que del necesario pan
en orfanatos de lúgubre hambre y miseria
y acabaron secuestrando de por vida identidades infantiles
mientras repartían sonrisas y absoluciones a destajo
entre adictos a un régimen de sangre y de ignominia.

Hoy, en fin, afilaré el veneno derretido en los colmillos
para decir que no hay dios o si lo hay ése no es el suyo
y asestarle un mordisco fatal a esta injusticia
que camuflada de esperpéntico silencio
como muérdago “verdicida” de verdades
se implantó en la memoria colectiva.

Perdonad si hiero suceptibilidades, pero decidme:
¿Qué ley sin gatillo podrá callarme?
¿Alguien pretenderá tal vez excomulgarme?
¡Apartad mediocres! Que hoy fluyen los verbos por mi pluma
y traigo el filo de la lengua en carne viva.

© Antonio Urdiales ~ ® Noviembre 2008

jueves, 20 de noviembre de 2008

Esa aguja fría de silencio





















Lo que me hiere de ti
no son las dentelladas en seco
que incendian verbos de agónicas quimeras
derriban los muros de mi celda
y le arrancan mudos acordes a mi queja.

Lo que en verdad me hiere de ti
es esa aguja fría de silencio
que me clavas sádica en los ojos
cuando escondes al aliento las palabras.



© Antonio Urdiales ~ ® Mayo 2006



martes, 11 de noviembre de 2008

Bajo un puente de soles eclipsados













Entre los tímidos dedos,
manchados con tinta de silencios,
se me escurrió octubre hasta la palidez del folio
depositando su fatiga de hojas muertas
por los surcos de ceniza que amanecen mi vigilia

Se resiste noviembre a salir de su escondite
y yo sigo esperando el mosto afrutado de su estirpe,
por los mares sin respuestas de mis sueños,
para ver si esta muerte es tan sólo un espejismo
de la constelación de púlsares que duermen
bajo un puente de soles eclipsados

© Antonio Urdiales Camacho ® Oct 2008

domingo, 2 de noviembre de 2008

Memoria del tiempo


















Solía ser en la tétrica hora del silencio,
la del chirrido escalofriante de un cerrojo que se abre
o la del culatazo en la puerta anunciando que han venido,
cuando la noche, ajena a la muerte en las trincheras,
poco antes de escabullirse por el oeste,
abría cementerios en los campos
y la aurora, para no saber cómo suenan las descargas
ni el lúgubre chasquido de la nuca al desnucarla un tiro,
se negaba a ser testigo de vuestro último paseo
y retrasaba por el este su vergüenza

Sólo el aterrorizado vuelo de la lechuza espantada
quizá fuera testigo involuntario
del instante de plomo que asesinó vuestro futuro
pero… ¿dónde…
en qué cunetas… en qué muros o en qué tapias
bajo qué anónimos lodos, el odio
pretendió que no fuerais memoria?


© Antonio Urdiales Camacho. ~ ® 01 Nov 2008

jueves, 23 de octubre de 2008

Políglota de silencios















No pediré perdón por mi mutismo,
ni cuenta rendiré de mis ausencias.

Yo también recibí balas de olvidos,
que sangré en la paz de mi silencio,
pero no cargo deudas a la espalda,
de féretros de sombras extinguidas
que me lastren los pasos por la senda,
ni a mí me debe nadie, por supuesto,
un sinfín de palabras aguardadas.
Tampoco colecciono soledades,
ni siquiera abandono tras mi niebla
la hermosura sin par del arco iris

Soy políglota, sí, de mis silencios
que me suscribo, errante en el camino,
lanzando relámpagos desnudos
de árida y anoréxica cordura,
pero siempre aferrado en mis vaivenes
a la utopía florecida de mi credo.

Profeta al otro lado del espejo,
en una exhibición de compromiso
con palabra serena y la voz firme
critico a los glaciares su bulimia
y les cuento de selvas y de playas
que habitan más allá del horizonte.

Mas pronto regreso, resignado,
a esta locura, a este silencio añejo
que sin tardar devora a mi osadía
y desde él recompongo mi lenguaje
porque sólo el silencio, os lo aseguro,
es morada de todas las palabras
y se habla igual en todos los idiomas

© Antonio Urdiales Camacho ~ ® 11 Enero 2008

lunes, 13 de octubre de 2008

Donde arde en silencio la palabra















Aunque agotado ya de esperar tanto
regrese el sueño a adormilar los sueños;
aunque el corazón del ocaso lata
entre un eco de espejos enfrentados
que prolongan mi sombra al infinito;
aunque grite el reloj impenitente
que el ayer es un sueño irrepetible,
que acaricio ya el mañana con mis manos
y el alba se anochece tan deprisa…

O aunque la sed se beba soledades
y el canto se me asfixie en la garganta,
aún no seré cadáver de mí mismo
ni callará mi verso su miseria,
mientras la nube del dolor ajeno
descargue en mi vergüenza avergonzada,
como una puñalada negra y fría,
esta lluvia de rabia y de impotencia
que hilvanada a ese otoño prematuro
se me asoma insolente a la mirada,
desborda los límites del párpado,
y humedece la fiebre de los labios
donde arde en silencio la palabra.

© Antonio Urdiales Camacho ~ ® Septiembre 2008

miércoles, 8 de octubre de 2008

La pluma
























Como a la tarde que pasea el huerto,
apenas si le quedan a la pluma
un par de susurros que destilar,
entre yermos arpegios de tristeza,
por la estepa desértica del folio.

Afuera, donde aún canta la chicharra,
donde la vida y la muerte es algo que
se decide a capricho del dios dólar,
donde el universo es menos humano
y al diablo se le pinta con turbante,
danzan sueños las hojas del madroño
con la brisa serena del ocaso
y tamizan gajos de un sol caduco
ajenas a los odios por decreto
que cobijan las ratas de trinchera
o al llanto de hambruna seca, avergonzante,
que destila el sur sobreexplotado.

Las espinas de las zarzas del arroyo,
acuchillan la queja de la tarde
y camuflan las moras a los tordos
en los lirios violetas del ocaso
que desangra sus últimos suspiros
por el pasto agostado por cien soles
y enmudece su canto la chicharra,
como, gastada de soledad, un día
calló la voz social, comprometida,
de maestros Luciferes de la pluma.


A cubierto de oídos indiscretos,
como un canto de sapos entre el barro,
vicia el aire el eco somnoliento
de la voz de bufones cortesanos,
que ciegos de codicia acomodada
amordazan tormentas de desiertos,
se tragan el rigor de las afrentas
y bañan de azúcar las metáforas,
con tal de ver impreso y empastado
su estúpido vómito literario.

Es la hora del silencio y la pluma,
cansada de escalar buscando el norte
por la cumbre cenital del pensamiento,
herida por “un rayo que no cesa”
(holograma profano de su muerte)
pone sal en la brecha y espartana
permanece en la lucha que ha emprendido
defendiendo mil y una barricadas.


Sabe a conciencia que su  acerbo credo
será convenientemente silenciado
por la fronda del velo de las sombras,
que no será futuro ni memoria,
ni simiente para una nueva raza,
mas no renuncia al fuego de su aliento
y denuncia alto, claro y con voz firme
una vez más, la última esta noche,
las guerras que el dios dólar acomete
imbuido de razones inventadas.


Por el olivar renace la aurora,
la enredadera asoma a la ventana
un aroma seductor de campanillas,
y la pluma, desangrada en el folio
tras recorrer las sendas de la noche,
acomoda el dolor de su derrota
y enmudece tras los puntos suspensivos...


© Antonio Urdiales Camacho~ ® Noviembre 2004

sábado, 27 de septiembre de 2008

Damas del amor urgente


















Con la sonrisa aburrida de sí misma
deambulan las aceras de la noche,
sobre tacones de aguja casi eternos,
cimbreando la cintura a cada paso
de sus piernas torneadas por la luna
y alongadas por las tenues minifaldas,
mientras, ostentosas, bordan las caderas
un vaivén sensual de péndulo perverso.

Catedráticas en sueños derribados,
cargan en su mochila tantas ausencias,
tanta espera amamantando soledades,
tanta vida gastada, tanto desierto,
tanta y tanta historia ajena digerida
a la luz de la lumbre de un cigarro,
que impostoras del amor que las demandan,
envuelven su dejadez y su aversión
en lujurias de ternura eventual,
por la mísera estrechura acomodada
de los asientos traseros de un turismo.

Guardianas de esquinas, parques y rotondas,
territorios comanches en estas guerras,
esculpidas por la luz de una farola,
exhiben su mercancía marchitada,
al acecho de una víctima propicia,
mientras cargan sobre el lomo de la suerte
el cruel destino que engorda su fracaso

Embaucadas por un chulo proxeneta
(parásito social, docto violador
y bachiller en chantajes y agresiones)
son náufragas donde el vértigo triunfa,
que adulteran sus orgasmos a granel,
mientras sorben los suspiros de la noche
compitiendo por tener otro servicio,
que las ayude a obtener para su dosis,
antes de que el sol haga nacer su sombra.

Palomas raudas del amor efímero,
recolectan sus amantes apurados
por los flecos de los cubos de basura,
donde arroja el amor sus excrementos
o donde vomitan su asco las pasiones.
Desahuciadas de la luz de los burdeles,
exprimidas, explotadas, maltratadas...
Ellas son las damas del amor urgente,
la nota más humilde en el pentagrama
del son jerárquico de todas las putas.

© Antonio Urdiales Camacho - ® Noviembre 2004

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Vestidas de harapos

























Aunque vestidas de harapos,
desentierro del silencio mis palabras
por ver si el huracán del miedo se sosiega
y el cincel de la pluma talla a mano
mil dolores ajenos que me habitan.

Mas todo intento es inútil,
he vivido tanto tiempo amordazado
que ni un suspiro
desgarra la garganta sometida,
ni una queja
se expone valiente frente al mundo.

Y así un día,
y otro...
y otro más...Siempre al calor
de la puta vergüenza acomodada.
Hasta que la rebeldía se sublima
y desborda una lágrima insurrecta,
que enjuga sin demora -por si acaso-
el paño callado de mi cobardía.

Abatido de angustia y de mutismo,
me miento que esta guerra no es mi guerra
y cicatero en mi entrega sucumbo
en el bullicio afásico de la noche.

Otra vela solitaria que se apaga
sin que su llama temblorosa logre
alumbrar más allá del horizonte
que alcanza la distancia de mi ombligo.

Hoy, uno de enero de dos mil ocho,
como ayer, y mucho me temo que mañana,
veinte mil niños morián de hambre,
pero yo estaré a salvo en mi silencio,
libre de toda sospecha de homicidio.

Y en el balance banal de mi existencia,
anotaré otro año más en el debe del olvido.

© Antonio Urdiales Camacho ~ ® Enero 2008

viernes, 19 de septiembre de 2008

Casi con dulzura




















Con la inercia del péndulo
hiciste borrón y cuenta nueva en tu memoria
y embriagaste tu océano de resaca.

Casi con dulzura,
como acaricia los labios el aliento de un suspiro,
fuiste evaporando entre mis dedos
soplo a soplo
la fragancia del grial
que perfumaba lirios en el tiempo.

Así, sin prisas,
como peina el ocaso los cabellos a la noche,
y en silencio,
como se mueren las flores,
diseminaste afinados desencuentros
por el turbador atardecer de mis infiernos.

Ni una mirada altiva,
ni una voz sembrando discordias,
ni una nota delatando realidades,
nada…
ni tan siquiera un portazo furibundo
que avivase el latido en mis arterias.

Y nada quedó de ti tras tu partida
salvo el tedio cotidiano de tus huellas
paseando, bohemias, mi nostalgia;
algunas ilusiones, que bordamos
remendando frías soledades;
rescoldos de la llama de tu ausencia
caldeando apenas mi delirio
y, cual infalible predicción de mi final,
desérticas dunas de silencio
amortajando un sin fin de horas muertas
por la lividez cadavérica del folio.

© Antonio Urdiales Camacho ~ ® Octubre 2004

martes, 16 de septiembre de 2008

Amarrado a tu sonrisa





Apenas había aparcado el tirachinas
cuando entre mil ternuras destilados
me bebí los ardores de la noche.

Allí,
al borde del maizal tupido,
sobre un lecho de hierba
y un techo de ocaso
que tamizaba luciérnagas,
amante adolescente yo,
y ella y su adulto adulterio
gobernando con dulzura
el timón desbocado de mi instinto,
reescribimos a dúo el Kama Sutra,
sin sospechar siquiera que,
tras el aroma a maíz recién regado
y los arrullos de amor sudando besos,
a nuestras espaldas,
barajando silencios,
deshojaba margaritas el futuro.

Después,
sin echar el ancla
en el abismo eterno de sus ojos,
navegué otros océanos sin memoria,
al amparo del sueño vigilante,
persiguiendo sirenas que florecen
en noches de suicidios despechados,
para resucitar cualquier mañana
resolviendo laberintos ardientes
de olas fogosas huérfanas de viento,
entre abrazos, cariños por instinto,
besos paganos y húmedos gemidos,
que se fueron perdiendo tras los tules
que el olvido -ese artesano insigne-
teje laborioso entre las sienes
a ritmo de reloj impenitente.

Sólo el eco de un trino de cristal
resonando con fuerza en mis arterias,
hizo callar su canto a las chicharras
y levantar el vuelo migratorio
a las gaviotas pasajeras,
sin advertir que de nuevo a mis espaldas,
tras la cara oculta del silencio
y con las cartas marcadas,
Eros, repartiendo futuro,
me amarraría eternamente a tu sonrisa.

© Antonio Urdiales Camacho ~ ® Agosto 2006


A veces






A veces,
desde esta nostalgia amiga,
que anochece soledades,
escucho el canto del mar
en una caracola nigromante
que desahució el océano en la tormenta,
y sobre un fondo de galaxias eclipsadas
sueño lluvias de luciérnagas fugaces
que iluminan senderos cenicientos
por el eco mudo de tus silencios.

Y en la fiebre fatal de mi delirio,
sin darle cuartel al desaliento,
desando la arena en los relojes,
persiguiendo el aura de tu esencia
por las urbes inmensas de la nada,
o desbrozo auroras boreales
por la jungla alba de mi invierno,
siempre tras las huellas delicadas
que tus pies descalzos
dejaron en la playa solitaria,
mientras la luna celosa
germinaba puntillas en las olas
encadenándome sin remedio
a la esquina iluminada de tu sombra.

A veces,
pirómano de olvidos caducados,
incendio mi destierro en tu memoria
con el fuego de tus ansias aprendidas,
que viajando en el polen de un suspiro
aroman mis recuerdos de azahares,
y prosigo incansable este destino
de trabajar para Venus a deshoras,
mientras te amo en un cuerpo
que no reconoce mis manías
ni sabe de esas ansias
de esos antojos que me invaden,
persiguiendo duendes
por los pliegues taciturnos
que dejó olvidados tu sombra,
en el límite cabal de esta locura
que germina libélulas en el ocaso.

A veces, juventud añorada,
hasta te sueño sol y me iluminas
sin darme cuenta de que tu luz
atraviesa el tul de mis visillos
y desnuda los caireles de mis años.


© Antonio Urdiales Camacho ~ © 2006