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miércoles, 8 de octubre de 2008

La pluma
























Como a la tarde que pasea el huerto,
apenas si le quedan a la pluma
un par de susurros que destilar,
entre yermos arpegios de tristeza,
por la estepa desértica del folio.

Afuera, donde aún canta la chicharra,
donde la vida y la muerte es algo que
se decide a capricho del dios dólar,
donde el universo es menos humano
y al diablo se le pinta con turbante,
danzan sueños las hojas del madroño
con la brisa serena del ocaso
y tamizan gajos de un sol caduco
ajenas a los odios por decreto
que cobijan las ratas de trinchera
o al llanto de hambruna seca, avergonzante,
que destila el sur sobreexplotado.

Las espinas de las zarzas del arroyo,
acuchillan la queja de la tarde
y camuflan las moras a los tordos
en los lirios violetas del ocaso
que desangra sus últimos suspiros
por el pasto agostado por cien soles
y enmudece su canto la chicharra,
como, gastada de soledad, un día
calló la voz social, comprometida,
de maestros Luciferes de la pluma.


A cubierto de oídos indiscretos,
como un canto de sapos entre el barro,
vicia el aire el eco somnoliento
de la voz de bufones cortesanos,
que ciegos de codicia acomodada
amordazan tormentas de desiertos,
se tragan el rigor de las afrentas
y bañan de azúcar las metáforas,
con tal de ver impreso y empastado
su estúpido vómito literario.

Es la hora del silencio y la pluma,
cansada de escalar buscando el norte
por la cumbre cenital del pensamiento,
herida por “un rayo que no cesa”
(holograma profano de su muerte)
pone sal en la brecha y espartana
permanece en la lucha que ha emprendido
defendiendo mil y una barricadas.


Sabe a conciencia que su  acerbo credo
será convenientemente silenciado
por la fronda del velo de las sombras,
que no será futuro ni memoria,
ni simiente para una nueva raza,
mas no renuncia al fuego de su aliento
y denuncia alto, claro y con voz firme
una vez más, la última esta noche,
las guerras que el dios dólar acomete
imbuido de razones inventadas.


Por el olivar renace la aurora,
la enredadera asoma a la ventana
un aroma seductor de campanillas,
y la pluma, desangrada en el folio
tras recorrer las sendas de la noche,
acomoda el dolor de su derrota
y enmudece tras los puntos suspensivos...


© Antonio Urdiales Camacho~ ® Noviembre 2004

4 comentarios:

Rosmery dijo...

Es mistico este poema más sin embargo tiene escondido entre sus metáforas esa rutina que abarca la vida, la globlización que nos hace humo a unos cuantos.
Me gustaron mucho tus letras.
Un placer, abrazos.
Rosmery.

Eugenio dijo...

Quizá sea así mi querido amigo, yo creo que es cierto, que la pluma nos enriquece y enriquece a quién deja -como tú- el alma en unos cuantos versos.

Un saludo

Eugenio

Antonio Urdiales dijo...

Rosmery, amiga, muchas gracias por pasar y comentar.

Un abrazo.

Antonio

Antonio Urdiales dijo...

Muchas gracias, amigo Eugenio, por visitarme, leerme y comentarme. Nos leemos.

Un abrazo.

Antonio