jueves, 23 de octubre de 2008

Políglota de silencios















No pediré perdón por mi mutismo,
ni cuenta rendiré de mis ausencias.

Yo también recibí balas de olvidos,
que sangré en la paz de mi silencio,
pero no cargo deudas a la espalda,
de féretros de sombras extinguidas
que me lastren los pasos por la senda,
ni a mí me debe nadie, por supuesto,
un sinfín de palabras aguardadas.
Tampoco colecciono soledades,
ni siquiera abandono tras mi niebla
la hermosura sin par del arco iris

Soy políglota, sí, de mis silencios
que me suscribo, errante en el camino,
lanzando relámpagos desnudos
de árida y anoréxica cordura,
pero siempre aferrado en mis vaivenes
a la utopía florecida de mi credo.

Profeta al otro lado del espejo,
en una exhibición de compromiso
con palabra serena y la voz firme
critico a los glaciares su bulimia
y les cuento de selvas y de playas
que habitan más allá del horizonte.

Mas pronto regreso, resignado,
a esta locura, a este silencio añejo
que sin tardar devora a mi osadía
y desde él recompongo mi lenguaje
porque sólo el silencio, os lo aseguro,
es morada de todas las palabras
y se habla igual en todos los idiomas

© Antonio Urdiales Camacho ~ ® 11 Enero 2008

lunes, 13 de octubre de 2008

Donde arde en silencio la palabra















Aunque agotado ya de esperar tanto
regrese el sueño a adormilar los sueños;
aunque el corazón del ocaso lata
entre un eco de espejos enfrentados
que prolongan mi sombra al infinito;
aunque grite el reloj impenitente
que el ayer es un sueño irrepetible,
que acaricio ya el mañana con mis manos
y el alba se anochece tan deprisa…

O aunque la sed se beba soledades
y el canto se me asfixie en la garganta,
aún no seré cadáver de mí mismo
ni callará mi verso su miseria,
mientras la nube del dolor ajeno
descargue en mi vergüenza avergonzada,
como una puñalada negra y fría,
esta lluvia de rabia y de impotencia
que hilvanada a ese otoño prematuro
se me asoma insolente a la mirada,
desborda los límites del párpado,
y humedece la fiebre de los labios
donde arde en silencio la palabra.

© Antonio Urdiales Camacho ~ ® Septiembre 2008

miércoles, 8 de octubre de 2008

La pluma
























Como a la tarde que pasea el huerto,
apenas si le quedan a la pluma
un par de susurros que destilar,
entre yermos arpegios de tristeza,
por la estepa desértica del folio.

Afuera, donde aún canta la chicharra,
donde la vida y la muerte es algo que
se decide a capricho del dios dólar,
donde el universo es menos humano
y al diablo se le pinta con turbante,
danzan sueños las hojas del madroño
con la brisa serena del ocaso
y tamizan gajos de un sol caduco
ajenas a los odios por decreto
que cobijan las ratas de trinchera
o al llanto de hambruna seca, avergonzante,
que destila el sur sobreexplotado.

Las espinas de las zarzas del arroyo,
acuchillan la queja de la tarde
y camuflan las moras a los tordos
en los lirios violetas del ocaso
que desangra sus últimos suspiros
por el pasto agostado por cien soles
y enmudece su canto la chicharra,
como, gastada de soledad, un día
calló la voz social, comprometida,
de maestros Luciferes de la pluma.


A cubierto de oídos indiscretos,
como un canto de sapos entre el barro,
vicia el aire el eco somnoliento
de la voz de bufones cortesanos,
que ciegos de codicia acomodada
amordazan tormentas de desiertos,
se tragan el rigor de las afrentas
y bañan de azúcar las metáforas,
con tal de ver impreso y empastado
su estúpido vómito literario.

Es la hora del silencio y la pluma,
cansada de escalar buscando el norte
por la cumbre cenital del pensamiento,
herida por “un rayo que no cesa”
(holograma profano de su muerte)
pone sal en la brecha y espartana
permanece en la lucha que ha emprendido
defendiendo mil y una barricadas.


Sabe a conciencia que su  acerbo credo
será convenientemente silenciado
por la fronda del velo de las sombras,
que no será futuro ni memoria,
ni simiente para una nueva raza,
mas no renuncia al fuego de su aliento
y denuncia alto, claro y con voz firme
una vez más, la última esta noche,
las guerras que el dios dólar acomete
imbuido de razones inventadas.


Por el olivar renace la aurora,
la enredadera asoma a la ventana
un aroma seductor de campanillas,
y la pluma, desangrada en el folio
tras recorrer las sendas de la noche,
acomoda el dolor de su derrota
y enmudece tras los puntos suspensivos...


© Antonio Urdiales Camacho~ ® Noviembre 2004

Esos malditos bastardos

      Ved que entenderme es muy sencillo, basta con saber que hay veces que las palomas del tiempo me sobrevuelan nosta...