domingo, 22 de marzo de 2009

Orquídea juvenil










 
 
 
 
 
 
 
 

Cierra los ojos para no ver tras el espejo
la desnudez que encierra su congoja.

Caprichoso error que cometió Natura
le aprisiona el alma en un abrazo
que le oprime brutal hasta el aliento,
le acuchilla con dudas la conciencia
y le atrapa indeleble los sentidos.

Flor andrógina en el jardín de Venus
es orquídea nacida en el de Lesbos
que derrama sin mesura sus colores
porque anhela beber el rocío ardiente
del suave terciopelo de las rosas.

Como sombra desprendida de su ente,
se camufla en noches de aquelarre
imitando el fulgor de los cometas,
mientras persigue el encanto fluorescente
de la luz fugaz de las luciérnagas.

Enclaustrada en el misterio que le agobia,
rebusca sin descanso otros infiernos
donde agotar el fuego que rebosa
el volcán de sus curvas perfiladas,
que agonizan ahítas de deseo,
soñando posesiones homogéneas.

Mas languidece expectante en el ensueño
y como el lago abrazado por la niebla
se consume en la espera taciturna
de que un pincel de sol le pinte azules
que hechicen el vuelo sutil de la libélula
y la atraigan a beber en sus riberas.

© Antonio Urdiales Camacho ~ Abril 2002

miércoles, 4 de marzo de 2009

A pesar de esas curvas sinuosas



















A pesar de esas curvas sinuosas
que, sugerentes, invitan al abrazo;
de ese brillo aceitoso de tu piel
que refleja, como un sueño irremediable,
la sombra atardecida de mis ansias…


A pesar de esa pose de abandono
que sofoca el sopor de los sentidos
y estimula al amoroso roce,
a la caricia dulce de unos dedos
que hagan ascender por tus quejidos
eternos vuelos de tenues mariposas…


A pesar de esos duendes que te habitan
y de esa levedad de tu cintura
que busca el acomodo de mis brazos,
o de esa dejadez, de esa desidia,
con las que ahíta de lujuria exhibes
la obscena desnudez del santuario,
donde el eco se evade melodioso
en orgasmos de notas imposibles…


En esta noche eclipsada de angustia,
no rasgaré la armonía del silencio,
ni te daré mi abrazo milonguero,
ni danzarán mis dedos vagabundos
por la escala de trastes de tu mástil,
amada guitarra mía, hasta que el alba
se beba sorbo a sorbo mi tristeza.




© Antonio Urdiales Camacho ~ ® Marzo 2006

Esos malditos bastardos

      Ved que entenderme es muy sencillo, basta con saber que hay veces que las palomas del tiempo me sobrevuelan nosta...