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viernes, 11 de febrero de 2011

Faraones del hambre (sangre, sudor y lágrimas)






Tras el osado ataque a la manada
flotará un quebranto de quejas en el aire
y por los sótanos oscuros del espanto,
avergonzada en su mísera miseria,
se irá acurrucando la esperanza
mientras las bien dotadas fauces
de las sanguinarias las hienas
devorarán impunes los ayes sometidos
y fijarán su diezmo de sangre para el futuro.

Después, sedientos de sudor ajeno,
en nutrida bandada
llegarán los buitres y otros carroñeros
que se disputarán los despojos desgarrados
que robaron a las hienas ya saciadas
hasta que el pútrido olor de la muerte
atraiga a un enjambre de moscas insaciables
que irán succionando la frescura de las lágrimas
y con ellas hasta los últimos suspiros.

Así ha sido siempre,
y siempre a lo largo de la historia
tras el ataque feroz y en minoría,
de las crueles hienas engoladas,
ha nacido tras la espantada del rebaño
un silencio cómodo y culpable;
culpable sobre todo porque callan.

Mas si sólo en el pavor mayoritario
del desalentado silencio acobardado
reside la grandeza de las hienas
y la impunidad presuntuosa
de sus huestes asesinas…

¡Decidme!
valerosos faraones de la miseria
¿Quién dijo miedo?


© Antonio Urdiales ~ 28 de Enero de 2010