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martes, 3 de agosto de 2010

Buenos días, silencio

















Cuando apenas si le quedan sombras a la aurora
ni minutos al reloj que me condena,
eternamente traviesos,
danzan los arpegios del silencio
por las cuerdas vacías del pentagrama.

Otra derrota más
que se derrama por el folio en blanco
en este ocaso ambiguo, sin linternas,
bajo este mismo cielo de soles eclipsados
que va difuminando en sombras la noche
mientras que por el sur de nuestra vergüenza acomodada
el hambre sigue borrando la sonrisa de los niños
y Gea, enfadada y vengativa,
derriba los tímidos corsés que la imponemos,
mientras mis musas se quedan atrapadas
en la espesa telaraña del ensueño
y el verso, casi siempre esquivo,
hoy, de nuevo, es utopía de ideales
que conjugo en futuro imperfecto
y que, embriagado en la tensa espera taciturna,
termina ahogado en su propio vómito.

Pero incansable el tiempo,
se columpia lúdico del péndulo
y marca el paso que disipa la existencia,
mientras desgrana sus tic-tac en soledades,
que naufragan en el mar embravecido
de este invierno encallado en su cruda crudeza,
y que a base de lodos, catástrofes y muertos,
no repara que por aquí,
por los juzgados corruptos de esta España nuestra,
se celebra un aquelarre vergonzoso
mientras que, ajena al frío,
a su deber y al deseo de todo un pueblo,
detrás del llanto lánguido de los cristales,
la justicia también se prostituye
y permite que los jueces,
al igual que ocurre con las putas,
le vendan a cualquiera sus favores.

Una tenue luz de amanecida
va difuminando la ventana en las paredes
y acelera los tic-tac que galopan irreverentes
por los surcos sudorosos de mis ansias,
mientras el eco agrandado de sus pasos
atraviesa el mutismo gregoriano de los claustros
y me golpea sin piedad los tímpanos
para saltarse a la torera mis angustias.

Continúa amenazando lluvia por los cerros
y por la vida seguirán los huracanes
sin que podamos realizar el exorcismo que nos salve.

Juguetón se asoma el sol tras una nube
y recojo mis últimos despojos,
tic-tac, que se derraman
como lágrimas dolientes del deseo,
sudarios que amortajan la esperanza.

Buenos días, silencio.

© Antonio Urdiales – Marzo 2010

sábado, 10 de julio de 2010

La voz del poema








Sólo la cobardía,
amparada en razones de ridícula existencia,
envuelta en tules de servil sonrisa,
grita para adentro su silencio
hacia donde el rencor
nutre ideales de venganza.

Pero yo ya agoté
todas las venganzas en la espera
y no me queda cobardía en la palabra.

Malgasté tanta tinta,
en comodidades caducas
en quiméricas metas conquistadas
y en fingidos horizontes superados,
que falseé la felicidad añorada
disfrazando de orgullo vanidoso
lo banal de los premios obtenidos,
harapos mezquinos
de mi estoica subsistencia.

Pero por dentro, rasgados,
sangraban los párpados desnudos
del gemido brutal de mi derrota.

Hoy cierro ante el mundo, por derribo,
la galería del cinismo conveniente,
los escaparates que me anunciaban
invicto triunfador de mis miserias
y, una vez saldado el egoísmo a un usurero,
hago regresar mis pasos por la senda
para volver la mirada a lo importante.

Porque –podéis creerme–
ésta es la única verdad:
Sólo la libertad grita hacia afuera.

Por ello, os anuncio que he vencido,
que dejaré cargado de ilusiones
mi mensaje en las conciencias denostadas,
denunciaré con voz firme vuestra farsa,
y mi trova libertaria, como un grito,
se hará eco en el viento que amanece,
despertará las conciencias que dormitan,
y sembrará de nuevo entre los pueblos
un canto de esperanza en la utopía.

Vuestro poder, herido de egoísmo,
pretendiendo acallar vuestra conciencia,
intentará silenciar mis versos tras los muros
acusándolos, tal vez, de terroristas,
pero el eco de mi grito estará vivo
allá por donde el viento se propague
y con él, también yo, os lo aseguro,
enfrentaré la tiranía y seré libre.

© Antonio Urdiales ~ Octubre de 2003

A VECES

    A veces, sólo a veces, entre los brazos nerviosos de la espera, mientras surfeo soledades por las áridas dunas de mis pesadillas...