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martes, 30 de noviembre de 2010

Mar adentro





Cuando el sol descienda enrojecido
y atrevido se salte el horizonte
derrotada de ausencia
regresarás hasta la arena en penumbras
que esculpió la ardiente desnudez de nuestros cuerpos
y que la espuma borró tras mi último silencio.

Cansada de soñar fuera del tiempo,
escarbarás en la brisa
por si prendido en los flecos de su aroma
trajera algún atisbo de mi esencia
y escucharás atenta el lánguido lamento de las olas
por si surfeando silencios
te llegara el canto lejano de mi abismo.

Mas, ya, nada te hablará de mí,
ni el sol, ni las gaviotas,
ni la arena de la playa, ni las olas,
ni siquiera el húmedo gemido
que lloroso susurra el acantilado
te llevará el eco mudo de mi voz rota.

Tampoco el pálpito fugaz de las estrellas
que se inventan estelas de luz
donde dejan sus huellas tus deseos
serán senderos que anunciarán mi regreso,
porque, en la soledad donde habitará mi sosiego,
no se le abren nunca caminos al regreso.

Sólo el pálido silencio de la Luna
sabrá de mi epitafio mar adentro.


© Antonio Urdiales Camacho ~ Noviembre 2010

sábado, 25 de septiembre de 2010

Hoy, 20.000 niños morirán de hambre


















Ni tras las hojas del roble poderoso
el sol se rompe en mil pedazos…
ni la brisa retoza juguetona con el trigo
bajo la cintura entallada de la tarde…
ni dibujando contrastes tras los cerros
el ocaso incendia cárdenos suspiros…
ni vestida de novia la Luna
arrastra, coqueta, su encaje blanco
por la copa del viejo roble solitario…

Salvo el dolor
navegando océanos de recuerdos,
nunca queda nada… nada,
tras el pálido aliento de la muerte.

Y nada te quedó, poeta,
tras la niebla holgada de su ausencia.

Hoy, embriagado de horas solitarias,
en el compás que compone tu amargura,
sobre el pentagrama diáfano del tiempo,
sólo cuelga sus corcheas el silencio.

Pero ¿desde cuándo el lánguido lamento
fue tu copla predilecta?
¿desde cuándo el fracaso tu cilicio?
¿desde cuándo las fraguas forjan llanto?

Sal poeta del marasmo de tu angustia
y rasga el ansia insolente que te asfixia
hasta ampliar el horizonte de tu pena
y abrir un nuevo frente de batalla,
porque, al igual que ayer, hoy
veinte mil niños morirán de hambre.


© Antonio Urdiales Camacho ~ 10/2006

A VECES

    A veces, sólo a veces, entre los brazos nerviosos de la espera, mientras surfeo soledades por las áridas dunas de mis pesadillas...