jueves, 17 de noviembre de 2022

A VECES

 

 

A veces, sólo a veces,

entre los brazos nerviosos de la espera,

mientras surfeo soledades

por las áridas dunas de mis pesadillas,

recojo el eco grave del silencio

y logro descifrar algún enigma

que se empeña en ocultarse a todo el mundo

y es entonces, solo entonces,

cuando uno comienza a sentirse el elegido.

 

Pero dura poco el pálpito agudo en la sangre

porque enseguida

en el escarpado acantilado de la realidad cotidiana

se me suicida el ego.

 

Y otra vez regreso a este lado del espejo

a transportar mis derrotas por el mundo,

con la sombra haciendo guardia en la garita,

siempre expectante,

por si tornaran las tormentas con sus rayos

a incendiar los áridos bosques de mis infiernos.

 

© - Antonio Urdiales – 18/06/2022

domingo, 26 de junio de 2022

 


Era el tiempo gris,

la alegría intentaba escabullirse de la niebla

haciendo fluir la arena en los relojes

entre lecturas clandestinas,

prohibidas por pederastas de sotana y alzacuellos,

que escondían tras los sólidos muros

de sus silenciosos conventos

sus múltiples y vergonzosas debilidades

y donde el dios que predicaban

a base de palo y catecismo repetido,

era tan solo una entelequia,

que se enmohecía en sus ajados escapularios.

 

Era el tiempo gris,

como amenazando tormenta a cada instante

y la alegría se expresaba en asambleas clandestinas

fantaseando con la a muerte del tirano,

o a través del spray en las fachadas,

cuando el alba argumentaba el toque de silencio.

 

Las pisadas de las botas militares eran el eco

que azuzaba nuestros ágiles pasos

para evitar la húmeda eternidad de las mazmorras,

mientras las sádicas porras de “los grises”

agotaban su oxígeno, extenuadas,

sin llegar a pisarnos los talones.

 

Era como un macabro juego con la muerte

donde algunos se fueron quedando en el asfalto

sin que la espiga dejara de danzar a ritmo con el viento

ni las ensangrentadas garras del águila parda,

incendiadas de ira moribunda,

intentaran teñir de rojo el trigo.

 

Era el tiempo gris, pero gris de veras,

y a pesar de ello y de ellos

la vida que el poder nos programaba

se iba liberando de sus cadenas,

mientras la alegría, siempre inquieta,

inventaba el amor libre en cada esquina,

y tú y yo, con los sueños aun intactos,

comenzamos a desbrozar nuestro sendero

de mordazas impuestas y de miedos,

y tras escribir con spray rojo

“prohibido prohibir”, en nuestro muro,

nos propusimos luchar codo con codo

para sembrar de esperanza cada aurora.

 

©  ~ Antonio Urdiales

miércoles, 1 de junio de 2022

 



Pero me enterraron tantas

 

Por aquel entonces, perdonadme,

le sobraba locura a mi cordura

e insomnio a mis mil y un sueños,

y todavía rebosaba voz el eco de mis silencios,

cuando vacío como cántaro sediento

chateaba cada noche con ventanas sin rostro,

plenas de brisas pegajosas sin aroma alguno,

que le iban cavando sepulturas a mis tedios.

 

Mas como siempre visto de ilusión al desencanto,

la sombra inquieta de mis ansias

seguía paseando tumbas sin nombre

por cementerios de olvido

tratando de sembrar sonrisas,

mientras que por las riberas del aburrimiento

aún me latían capacidades para el juego

y el ego agrandado de un colibrí libertino`

amigaba ventanas con su canto

libando mieles virtuales a destajo

y derribando muros de pasiones contenidas

en un combate sin  tregua de rimas inventadas

que el teclado reproducía en los monitores.

 

Mas entre actos florecían recitales de palabras

historias de vidas concebidas en mil sueños

que derribaban los muros que imponía la sospecha

e incendiaban los infiernos reprimidos.

 

Mientras que al otro lado oscuro del misterio,

entre sutiles damas que adoraban la palabra

y cuya amistad es trigo en mi pan de cada día,

revoloteaba un enjambre de palomas

recién liberadas de sus jaulas,

que amparadas en las trincheras del anonimato,

y sin poder reconocerse en la penumbra inventada

del otro lado oscuro del espejo,

ejercían de forma clandestina

como trabajadoras a tiempo parcial de Cupido

y sembraban la noche de besos a destajo

que repartían entre  amantes virtuales desterrados

revestidos de palabras y desnudos de moral,

mientras soñaban con príncipes azules

que les llevaran, en carroza de oro, su zapato.

 

No seré yo quien defienda, a estas alturas,

que yo fui un dechado de virtudes,

ni que intenté nadar contra corriente,

ni que tal vez no me prendara de alguna

ni siquiera negaré, sin ser pedante,

que hasta es posible que alguna aún me recuerde

pero me enterraron tantas…

 

© ~ Antonio Urdiales

(Todos los derechos reservados)




Yo le debía quedar tan lejos

 

Una luz de atardecer de otoño

se acunaba embrujada en sus pupilas

pero me quedaba tan lejos…

En madrugadas de aquelarre iluminado

revivo mi voz como una caricia

que entre las brumas silentes del ensueño

fluía primaveras a través del camino de los dedos

hasta el eco de un teclado harto ruidoso

para recitarle la noche entre sonrisas

mientras ella bordaba promesas de encuentros

que en barcos cargados de sueños

surcaban valientes el océano,

pero nos quedábamos tan lejos…


Luego los cuervos del tiempo

le fueron descontando lunas al futuro

y deshojándole sueños al pasado,

mientras que las semillas del tedio

fueron floreciendo entre tímidas lluvias de estrellas,

que amplificaban el eco triste de las sombras,

hasta acabar sucumbiendo entre el polvo del olvido,

que disolvió sin remedio, en la distancia,

el aroma virtual de sus “te quiero”.


Tal vez me amara, sí,

pero yo le debía quedar tan lejos…


© ~ Antonio  Urdiales – 28-08-2013

 



Tempus fugit

 

 

Pretendo decir presente

pero cuando he terminado

de repente soy consciente,

que el presente ha caducado,

y que antes de que os cuente

lo que ahora mismo he pensado

pues de forma sorprendente

se ha convertido en pasado.

 

Es tan efímero el tiempo,

dura tan poco un instante,

que por no hacer un desplante,

jamás llegaré a destiempo,

aunque sea lento mi tempo

o aunque la vida me encante,

a ese momento inquietante,

del jodido contratiempo

de ir con los pies por delante.

 

 

© ~ Antonio Urdiales – 28 de abril de 2022


 



EN EL MONTE CALVARIO DE MI ALMA

 

La amplitud de tu sonrisa

y el beso al aire que lazaste ilusionada

desde la pasarela del barco

hicieron derrumbarse mis cimientos,

la mirada quería hacerse brazos

para intentar retenerte

y en aquel ahora, que ya es entonces,

la soledad se hizo cuchillas de afeitar enfurecidas

navegando sin rumbo mis arterias.

 

Tras soltar su última amarra

el barco, ajeno a mi tristeza,

hizo sonar la sirena poderosa,

que estremeció de norte a sur mis estructuras,

y con la misma lentitud exasperante

con que su proa comenzó a escribir silencios

sobre las quietas aguas del puerto,

la amargura me fue partiendo en dos el corazón 

 

No quise llorar mis lágrimas,

porque como decía mi abuelo:

“los machotes no lloran”,

pero por dentro la sangre se hacía nieve

y puñales de hielo como relámpagos

esculpieron tu nombre y crucificaron el mío

en el monte Calvario de mi alma.

 

Después, entre la bruma, he navegado

enmarañadas hebras de tiempo

por los zurcidos recuerdos,

y acuchilladas de soledad las sienes,

calladas, gritan tu nombre,

que se hace eco vencido en la distancia;

y aunque mi velero con vientos favorables

intenta poner rumbo hacia otras costas

el ancla se ha atorado entre las rocas

y me mantiene encallado en tu recuerdo.

 

Ahora soy solo un náufrago en el tiempo

que peregrina cada tarde

las calles colmadas de tu ausencia

por la ciudad callada de tu mutismo,

y en la playa solitaria, con el mar de fondo,

he muerto mil muertes cada ocaso

desde el mismo instante en que zarpó tu barco

y tú me regalaste, anidada a tu sonrisa,

la sepultura de un muelle bajo la lluvia.

 

© ~ Antonio Urdiales – 27-12-2020


domingo, 29 de mayo de 2022

 




Llueve

 

Llueve…

como llueve la ausencia de tu aroma

por mis mejillas,

con esa monotonía fatal de aburrimiento

con la que ocurre todo lo que es irremediable,

o con esa lentitud exasperante

con que el dolor lacera la mente.

 

Llueve…

como llueven las chispas ya apagadas

en las brasas cenicientas que me habitan.

 

Tras la juguetona humedad de los cristales,

la luz huye de las sombras

y se arrastra, paso a paso,

hacía el templo oscuro de un ocaso gris

donde habitan los fantasmas de un recuerdo,

que se perdió en el olvido rectangular del calendario.

 

Llueve…

y al abrir la ventana, en la penumbra,

el aroma a tierra húmeda

se cuela en silencio hasta la estancia,

excita sin pudor mi pituitaria

y ensancha mis pulmones cuando inspiro,

pero he perdido el canto delicioso de los pájaros,

y en este silencio, que no calla,

solo me quedas tú habitando el pensamiento

y esa balada monótona que interpreta la lluvia

al caer sobre los charcos.

 

 

 

Llueve…

                   … Llueve…

                                            …. Llueve...

 

 

 

© ~ Antonio Urdiales – Abril 2022

 



A Texas no le quedan ya horizontes 



De nada sirve ya buscar excusas

porque a Texas no le quedan horizontes

donde el sol se oculte limpio de toda culpa.

 

Estigia¹ baja caudaloso

y ha colapsado el tiempo en su clepsidra²

y no, ya no hay lugar para la huida

ni espacio para el aprendizaje en las aulas,

porque el terror

ha fusilado la alegría de los recreos.

 

Ante la cruda indiferencia del fabricante,

un asesino, apenas un imberbe,

en apasionado idilio con sus armas,

recientemente adquiridas,

y en una colérica orgía de balas,

cercenó diecinueve sueños de futuro

que desangran en el suelo su esperanza.

 

No, de nada sirve ya buscar excusas

porque en los colegios

ya no hay gomas de borrar

capaces de borrar esta masacre.

 

A partir de hoy solo el luto y el miedo

están convocados a clase en Texas.

 

© - Antonio Urdiales Camacho – Mayo 2022


(1)    Estigia: (en griego Στύξ, Stýx) en la mitología griega Estigia constituía el límite entre la tierra y el mundo de los muertos, el Hades, al que circundaba nueve veces. Estigia, o río del odio, es uno de los cinco ríos del inframundo griego.

(2)    Clepsidra: Reloj de agua. Las clepsidras datan de la antigüedad egipcia (mrḫyt) y se usaban especialmente durante la noche, cuando los relojes de sol perdían su utilidad

 




Esa guerra que nos cuentan, no es mi guerra


Tal vez no sea yo el más indicado,

ni sea el mejor ejemplo para nadie

y hasta puede que, a pesar de lo vivido,

lleve el carcaj vacío de saberes,

la lengua emponzoñada de silencios

y el verbo acostumbrado a ser historia,

para sin mérito alguno ponerme

a instruir con arengas a la gente.

 

Pero hace ya algunos años, aún muy joven,

aprendí a nadar contracorriente,

cuando alguien se empeñó en que era Dios,

sus dogmas eran puro catecismo,

y el palo la cultura que impartía.

 

Tuve que recurrir al estudio y al ingenio

para que mis trastadas evadieran el palo cada día,

tal vez, por ello, aprendiera también

que más allá del credo y del rosario

existían otros mundos muy diversos

que el ansia de saber iba abrazando.

 

Después supe del odio y la barbarie

que la avidez de poder genera,

supe también de una guerra civil,

que perdieron los de siempre,

de dos guerras mundiales y cien más,

que sembraron el terror y la muerte por la historia

y donde la razón de los ganadores

la fijaba el poder de su armamento

que era directamente proporcional

al poder colosal de su riqueza

y al de la información que controlaba,

que manipulaba y que difundía.

 

Pero hoy otra guerra nos ocupa,

que nos sirve con ponderada crudeza

imágenes de niños brutalmente mutilados

y de ciudades enteras arrasadas,

donde el horror y la barbarie extrema,

gobiernan sin cesar nuestras retinas

y tejen sus coléricas telarañas,

que se exhiben impúdicas

poblando nuestra ventana tonta a cualquier hora,

y atacan, con premeditación y alevosía,

sin concedernos descanso alguno,

nuestro espacio consciente y subconsciente

con balas informativas disparadas

sin ojos detectores de inocentes en su frente.

 

Es tal el exagerado exhibicionismo informativo,

que deduzco sibilinamente interesado,

que quiero salir de este pozo oscuro de silencio

y ascender a profundidad de periscopio

para intentar ser claro, meridianamente claro,

y lanzar mi torpedo con la máxima decencia

a la sentina del torbellino de opiniones dirigidas,

que día y noche acompañan nuestra mesa

para declarar libremente que ninguna guerra es justa.

 

¡Ninguna!

¿Lo fueron, acaso, Las Cruzadas o la rebelión franquista?

¿Tal vez, lo fue la de Estados Unidos en Vietnam…

 o las de la familia Bush contra Irak?

¿Quizás lo es la de Israel con Palestina?

Sin duda alguna, tanto como la de Putin contra Ucrania,

y todas ellas generaron asesinos ignotos,

que togados heroicamente con los colores de una bandera,

escondieron sus atroces actos vandálicos

bajo un manto oscuro de silencio

o en sepulturas anónimas

al amparo de cualquier cuneta.

 

¡No, no y mil veces no!

No pretendáis entender

que mi torpe verbo poético

sea una disculpa de la invasión de Ucrania por Rusia,

que condeno enérgicamente y sin paliativos,

pero lo que yo intuyo

es que esta partida de ajedrez

la juegan dos potencias añejamente enfrentadas

sobre el viejo y ajado tablero

de una Europa envejecida y desgastada,

sin importarles que la sangre inocente derramada

de las piezas que van perdiendo tras cada movimiento

deteriore aún más el tablero de juego.

 

Y yo que jamás he creído en las banderas

y en mi alma anidan pájaros de paz

que rellenan sus cananas de palabras,

a pesar de que los daños colaterales

me afecten seriamente en el plano económico

declaro firmemente y sin pudor alguno,

que, esa guerra, que nos cuentan, no es mi guerra.

 

© ~ Antonio Urdiales Camacho

Talavera de la Reina a uno de Abril de 2022

sábado, 28 de mayo de 2022


 

 
Sé que no es amor
 

 

Sé que no es amor y sin embargo,

cuando tus ojos me miran furtivos

hablan un idioma que yo entiendo,

me cuentan de pasiones contenidas,

de aquel beso que jamás nos dimos

y del abrazo feliz, que nunca se produjo,

desde esa noche de alegría adolescente

en la algarabía de un parque de atracciones,

donde el tiovivo con cada vuelta

al ir montada a la amazona

me traía la decente desnudez de tus piernas

y el eco de tu risa cabalgando en tu mirada

era hiedra que germinaba en mis oídos.

 

Sé que no es amor y, sin embargo,

cuando las miradas se encuentran

la profundidad de tus ojos me cuenta

del caos que creo en el tránsito de tu sangre

del volcán de fuego que te habita,

que en tus sueños eróticos me buscas

y que bajo la caricia de tus dedos

eres campo en llamas que yo apago.

 

Sé que no es amor y sin embargo

aquel día que bailamos abrazados

los ritmos circadianos se acoplaron

y fuiste zarza incendiada entre mis brazos,

pero tus ojos me rehuían la mirada,

tal vez por timidez, o tal vez

para que no pudiera leer en ellos

que aun anhelabas descorchar

la botella que nunca descorchamos.

 

Sé que no es amor y sin embargo,

porque tienes principios, que comparto,

al sorprenderte mirándome, aun te ruborizas,

y tus manos se aturden al saludarme,

y sé, porque tus gestos adustos me lo chivan,

que te duele verme algunas veces disfrutando

mientras paseas junto a tu esposo,

arrastrando entre tus piernas como un cilicio,

la áspera soga de tus ansias

por el árido desierto de pasiones que transitas.

 

Sé que no es amor y sin embargo…

 

© ~ Antonio Urdiales ~ 2020-12-31

miércoles, 3 de octubre de 2012

Esos malditos bastardos



 
 
 

Ved que entenderme es muy sencillo,

basta con saber que hay veces

que las palomas del tiempo me sobrevuelan nostalgias

y que a pesar del riesgo de convertirme en estatua de sal,

irreverente siempre,

a través de las tortuosas sendas del olvido

regreso la mirada y voy exhumando  recuerdos 

hasta llegar a aquel tímido rincón

que cada día, al morir la tarde,

se escondía del fulgor de las farolas

y donde yo comenzaba a descifrar la noche

a través del brillo enamorado de unos ojos

mientras mis manos coquetas

dibujaban arabescos en su espalda,

y los besos se bebían poco a poco el temblor

del lamento apasionado de los suspiros.

 

Otras veces, romántico empedernido,

regreso la mirada a mis angustias,

y capitán corsario, en mi barco de papel,

navego suburbios laterales de cansancio

hasta la orilla de sal de mis desvelos

para desembarcar, ilusionado, mi distancia

hasta la cercana lejanía de un ayer contestatario,

cuando el miedo sometido,

que mascullaba por lo bajo su derrota,

todavía deambulaba las aceras

o se pudría tras las frías rejas de las cárceles 

(crueles purgatorios doctrinarios)

y los jóvenes,

armados solamente de utopía,

conquistábamos la calle puño en alto

exigiendo amnistía y libertad a los tiranos.

 

Sí, por aquel entonces

logramos amortajar la oscuridad de nuestros miedos

y luchar para salir del gris y darle color al horizonte.

Pero aquellos, sin duda, eran otros tiempos…

 

Hoy,  cuando la corrupción es la savia del poder

y el acomodo se nos ha instalado en las arterias,

hoy que los poetas,

que eran la voz del pueblo,

se han suicidado de indiferencia

en los abruptos acantilados del silencio,

hoy cuando el que se decía dios omnipotente,

el mismo que incapaz de arreglarnos ésta

se  nos ofrecía como solución para la otra vida,

yace corrompido entre oropeles,

los nuevos y todopoderosos dioses inventados,

los mercados,

esos malditos bastardos,

le sacan brillo a la cruz gamada,

mueven los hilos de nuestros corrompidos dirigentes de trapo

y nos envían sus innovadoras plagas bíblicas

en forma de primas de riesgo, paro, recortes, miseria y hambre.

 

Y yo que nunca fui capaz de suicidarme

porque prefiero luchar por algo digno

desempolvo una revolución,

que guardaba por si acaso,

en los bolsillos del que me late

siempre a la izquierda del pecho

y me dedico a escribir en mis papeles

para lanzar a los cuatro vientos este grito de indignado,

que no poema,

porque como bien sabéis

la indignación no requiere de florituras.

 

¿Véis como no es difícil entenderme?

Soy tan simple...

 

 

© ~ Antonio Urdiales - 25 Septiembre 2012

A VECES

    A veces, sólo a veces, entre los brazos nerviosos de la espera, mientras surfeo soledades por las áridas dunas de mis pesadillas...