domingo, 29 de mayo de 2022

 




Llueve

 

Llueve…

como llueve la ausencia de tu aroma

por mis mejillas,

con esa monotonía fatal de aburrimiento

con la que ocurre todo lo que es irremediable,

o con esa lentitud exasperante

con que el dolor lacera la mente.

 

Llueve…

como llueven las chispas ya apagadas

en las brasas cenicientas que me habitan.

 

Tras la juguetona humedad de los cristales,

la luz huye de las sombras

y se arrastra, paso a paso,

hacía el templo oscuro de un ocaso gris

donde habitan los fantasmas de un recuerdo,

que se perdió en el olvido rectangular del calendario.

 

Llueve…

y al abrir la ventana, en la penumbra,

el aroma a tierra húmeda

se cuela en silencio hasta la estancia,

excita sin pudor mi pituitaria

y ensancha mis pulmones cuando inspiro,

pero he perdido el canto delicioso de los pájaros,

y en este silencio, que no calla,

solo me quedas tú habitando el pensamiento

y esa balada monótona que interpreta la lluvia

al caer sobre los charcos.

 

 

 

Llueve…

                   … Llueve…

                                            …. Llueve...

 

 

 

© ~ Antonio Urdiales – Abril 2022

 



A Texas no le quedan ya horizontes 



De nada sirve ya buscar excusas

porque a Texas no le quedan horizontes

donde el sol se oculte limpio de toda culpa.

 

Estigia¹ baja caudaloso

y ha colapsado el tiempo en su clepsidra²

y no, ya no hay lugar para la huida

ni espacio para el aprendizaje en las aulas,

porque el terror

ha fusilado la alegría de los recreos.

 

Ante la cruda indiferencia del fabricante,

un asesino, apenas un imberbe,

en apasionado idilio con sus armas,

recientemente adquiridas,

y en una colérica orgía de balas,

cercenó diecinueve sueños de futuro

que desangran en el suelo su esperanza.

 

No, de nada sirve ya buscar excusas

porque en los colegios

ya no hay gomas de borrar

capaces de borrar esta masacre.

 

A partir de hoy solo el luto y el miedo

están convocados a clase en Texas.

 

© - Antonio Urdiales Camacho – Mayo 2022


(1)    Estigia: (en griego Στύξ, Stýx) en la mitología griega Estigia constituía el límite entre la tierra y el mundo de los muertos, el Hades, al que circundaba nueve veces. Estigia, o río del odio, es uno de los cinco ríos del inframundo griego.

(2)    Clepsidra: Reloj de agua. Las clepsidras datan de la antigüedad egipcia (mrḫyt) y se usaban especialmente durante la noche, cuando los relojes de sol perdían su utilidad

 




Esa guerra que nos cuentan, no es mi guerra


Tal vez no sea yo el más indicado,

ni sea el mejor ejemplo para nadie

y hasta puede que, a pesar de lo vivido,

lleve el carcaj vacío de saberes,

la lengua emponzoñada de silencios

y el verbo acostumbrado a ser historia,

para sin mérito alguno ponerme

a instruir con arengas a la gente.

 

Pero hace ya algunos años, aún muy joven,

aprendí a nadar contracorriente,

cuando alguien se empeñó en que era Dios,

sus dogmas eran puro catecismo,

y el palo la cultura que impartía.

 

Tuve que recurrir al estudio y al ingenio

para que mis trastadas evadieran el palo cada día,

tal vez, por ello, aprendiera también

que más allá del credo y del rosario

existían otros mundos muy diversos

que el ansia de saber iba abrazando.

 

Después supe del odio y la barbarie

que la avidez de poder genera,

supe también de una guerra civil,

que perdieron los de siempre,

de dos guerras mundiales y cien más,

que sembraron el terror y la muerte por la historia

y donde la razón de los ganadores

la fijaba el poder de su armamento

que era directamente proporcional

al poder colosal de su riqueza

y al de la información que controlaba,

que manipulaba y que difundía.

 

Pero hoy otra guerra nos ocupa,

que nos sirve con ponderada crudeza

imágenes de niños brutalmente mutilados

y de ciudades enteras arrasadas,

donde el horror y la barbarie extrema,

gobiernan sin cesar nuestras retinas

y tejen sus coléricas telarañas,

que se exhiben impúdicas

poblando nuestra ventana tonta a cualquier hora,

y atacan, con premeditación y alevosía,

sin concedernos descanso alguno,

nuestro espacio consciente y subconsciente

con balas informativas disparadas

sin ojos detectores de inocentes en su frente.

 

Es tal el exagerado exhibicionismo informativo,

que deduzco sibilinamente interesado,

que quiero salir de este pozo oscuro de silencio

y ascender a profundidad de periscopio

para intentar ser claro, meridianamente claro,

y lanzar mi torpedo con la máxima decencia

a la sentina del torbellino de opiniones dirigidas,

que día y noche acompañan nuestra mesa

para declarar libremente que ninguna guerra es justa.

 

¡Ninguna!

¿Lo fueron, acaso, Las Cruzadas o la rebelión franquista?

¿Tal vez, lo fue la de Estados Unidos en Vietnam…

 o las de la familia Bush contra Irak?

¿Quizás lo es la de Israel con Palestina?

Sin duda alguna, tanto como la de Putin contra Ucrania,

y todas ellas generaron asesinos ignotos,

que togados heroicamente con los colores de una bandera,

escondieron sus atroces actos vandálicos

bajo un manto oscuro de silencio

o en sepulturas anónimas

al amparo de cualquier cuneta.

 

¡No, no y mil veces no!

No pretendáis entender

que mi torpe verbo poético

sea una disculpa de la invasión de Ucrania por Rusia,

que condeno enérgicamente y sin paliativos,

pero lo que yo intuyo

es que esta partida de ajedrez

la juegan dos potencias añejamente enfrentadas

sobre el viejo y ajado tablero

de una Europa envejecida y desgastada,

sin importarles que la sangre inocente derramada

de las piezas que van perdiendo tras cada movimiento

deteriore aún más el tablero de juego.

 

Y yo que jamás he creído en las banderas

y en mi alma anidan pájaros de paz

que rellenan sus cananas de palabras,

a pesar de que los daños colaterales

me afecten seriamente en el plano económico

declaro firmemente y sin pudor alguno,

que, esa guerra, que nos cuentan, no es mi guerra.

 

© ~ Antonio Urdiales Camacho

Talavera de la Reina a uno de Abril de 2022

sábado, 28 de mayo de 2022


 

 
Sé que no es amor
 

 

Sé que no es amor y sin embargo,

cuando tus ojos me miran furtivos

hablan un idioma que yo entiendo,

me cuentan de pasiones contenidas,

de aquel beso que jamás nos dimos

y del abrazo feliz, que nunca se produjo,

desde esa noche de alegría adolescente

en la algarabía de un parque de atracciones,

donde el tiovivo con cada vuelta

al ir montada a la amazona

me traía la decente desnudez de tus piernas

y el eco de tu risa cabalgando en tu mirada

era hiedra que germinaba en mis oídos.

 

Sé que no es amor y, sin embargo,

cuando las miradas se encuentran

la profundidad de tus ojos me cuenta

del caos que creo en el tránsito de tu sangre

del volcán de fuego que te habita,

que en tus sueños eróticos me buscas

y que bajo la caricia de tus dedos

eres campo en llamas que yo apago.

 

Sé que no es amor y sin embargo

aquel día que bailamos abrazados

los ritmos circadianos se acoplaron

y fuiste zarza incendiada entre mis brazos,

pero tus ojos me rehuían la mirada,

tal vez por timidez, o tal vez

para que no pudiera leer en ellos

que aun anhelabas descorchar

la botella que nunca descorchamos.

 

Sé que no es amor y sin embargo,

porque tienes principios, que comparto,

al sorprenderte mirándome, aun te ruborizas,

y tus manos se aturden al saludarme,

y sé, porque tus gestos adustos me lo chivan,

que te duele verme algunas veces disfrutando

mientras paseas junto a tu esposo,

arrastrando entre tus piernas como un cilicio,

la áspera soga de tus ansias

por el árido desierto de pasiones que transitas.

 

Sé que no es amor y sin embargo…

 

© ~ Antonio Urdiales ~ 2020-12-31

A VECES

    A veces, sólo a veces, entre los brazos nerviosos de la espera, mientras surfeo soledades por las áridas dunas de mis pesadillas...