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martes, 30 de noviembre de 2010

Mar adentro





Cuando el sol descienda enrojecido
y atrevido se salte el horizonte
derrotada de ausencia
regresarás hasta la arena en penumbras
que esculpió la ardiente desnudez de nuestros cuerpos
y que la espuma borró tras mi último silencio.

Cansada de soñar fuera del tiempo,
escarbarás en la brisa
por si prendido en los flecos de su aroma
trajera algún atisbo de mi esencia
y escucharás atenta el lánguido lamento de las olas
por si surfeando silencios
te llegara el canto lejano de mi abismo.

Mas, ya, nada te hablará de mí,
ni el sol, ni las gaviotas,
ni la arena de la playa, ni las olas,
ni siquiera el húmedo gemido
que lloroso susurra el acantilado
te llevará el eco mudo de mi voz rota.

Tampoco el pálpito fugaz de las estrellas
que se inventan estelas de luz
donde dejan sus huellas tus deseos
serán senderos que anunciarán mi regreso,
porque, en la soledad donde habitará mi sosiego,
no se le abren nunca caminos al regreso.

Sólo el pálido silencio de la Luna
sabrá de mi epitafio mar adentro.


© Antonio Urdiales Camacho ~ Noviembre 2010

sábado, 10 de julio de 2010

La voz del poema








Sólo la cobardía,
amparada en razones de ridícula existencia,
envuelta en tules de servil sonrisa,
grita para adentro su silencio
hacia donde el rencor
nutre ideales de venganza.

Pero yo ya agoté
todas las venganzas en la espera
y no me queda cobardía en la palabra.

Malgasté tanta tinta,
en comodidades caducas
en quiméricas metas conquistadas
y en fingidos horizontes superados,
que falseé la felicidad añorada
disfrazando de orgullo vanidoso
lo banal de los premios obtenidos,
harapos mezquinos
de mi estoica subsistencia.

Pero por dentro, rasgados,
sangraban los párpados desnudos
del gemido brutal de mi derrota.

Hoy cierro ante el mundo, por derribo,
la galería del cinismo conveniente,
los escaparates que me anunciaban
invicto triunfador de mis miserias
y, una vez saldado el egoísmo a un usurero,
hago regresar mis pasos por la senda
para volver la mirada a lo importante.

Porque –podéis creerme–
ésta es la única verdad:
Sólo la libertad grita hacia afuera.

Por ello, os anuncio que he vencido,
que dejaré cargado de ilusiones
mi mensaje en las conciencias denostadas,
denunciaré con voz firme vuestra farsa,
y mi trova libertaria, como un grito,
se hará eco en el viento que amanece,
despertará las conciencias que dormitan,
y sembrará de nuevo entre los pueblos
un canto de esperanza en la utopía.

Vuestro poder, herido de egoísmo,
pretendiendo acallar vuestra conciencia,
intentará silenciar mis versos tras los muros
acusándolos, tal vez, de terroristas,
pero el eco de mi grito estará vivo
allá por donde el viento se propague
y con él, también yo, os lo aseguro,
enfrentaré la tiranía y seré libre.

© Antonio Urdiales ~ Octubre de 2003

viernes, 18 de junio de 2010

Así, entre nosotros




Confirmaron las runas su tétrico presagio
y nada aconteció como auguraban los sueños.

Hoy, harto de mentirme por arenas vagabundas,
me siento al relente del raso de la noche
y medito al pairo del rocío de los párpados
si partir en verdad fue necesario
si en verdad fue imprescindible tanta ausencia
porque así, entre nosotros,
nunca hallé Eldorado de encontrarme.

Y aunque al regresar los pasos
jamás coincidan con las huellas de abandono
que en mi locura apresurada dejé al partir,
ni mis palabras encuentren un lugar junto a tu oído,
ni tan siquiera una mirada furtiva
sonroje estos versos indolentes,
desnudo de silencios arraigados,
que desvelan poemas imposibles,
retornaré por senderos de locura
hasta el sol de tus laderas, complaciente,
porque ya no puedo contener más este ansia,
ni aguantarme la mirada sin romperme,
sin que se muestre tu rostro en mis pupilas
y deguste tu aliento con mi boca
mientras me nombras el más canalla de tus dulces
y te haces miel entre mis brazos.

Porque, así, entre nosotros,
reconozco que siempre me espantó el silencio
que no soporto la soledad de mi sombra en las paredes
y que me asfixia el azogue envenenado
de la callada y lisa voz de los espejos.

© Antonio Urdiales Camacho ~ Febrero 2010

A VECES

    A veces, sólo a veces, entre los brazos nerviosos de la espera, mientras surfeo soledades por las áridas dunas de mis pesadillas...