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miércoles, 18 de enero de 2012

En el norte beduino de mi brújula


 

 

 

 

 




 
Por más que tus cañones furibundos
me horaden a andanadas la memoria
no cavaré trincheras que me oculten
ni rendiré al olvido mis palabras
sin defender hasta el último verbo mi estandarte,
porque en la fragua donde alienta mi esperanza
jamás  forjé almas de cántaro
y siempre mantuve un sueño inalcanzable
con su brillo incandescente refulgiendo
en el norte beduino de mi brújula.

 

Voy a luchar contigo sin cuartel,
y romperé, sin más, cada tregua que propongas,
hasta arrancarte de mí o tú me arranques,
que nunca fue papel mojado mi entereza
ni frente a ti mis manos serán jamás de barro,
que sin miedo a los terrones de la vida
siempre me he asido  fuerte y recio
al vértigo impenetrable  del arado riguroso,
intentando horadar los surcos rectos y profundos,
siempre con el horizonte como meta
persiguiendo sin descanso eso que algunos,
casi siempre los que mandan, llaman utopía.

 

Te enfrentaré cada aurora y cada ocaso
y velaré mis carencias por si aumentan,
tutelaré cada rostro conocido, cada recuerdo, cada beso,
mimaré cada metáfora, cada verso,
y me tragaré sin temerte cada angustia
que no me iré de aquí, traidor Alzheimer,
sin presentarte batalla hasta mi último silencio.


 
 
© Antonio Urdiales Camacho ~ 2010


 

sábado, 10 de julio de 2010

La voz del poema








Sólo la cobardía,
amparada en razones de ridícula existencia,
envuelta en tules de servil sonrisa,
grita para adentro su silencio
hacia donde el rencor
nutre ideales de venganza.

Pero yo ya agoté
todas las venganzas en la espera
y no me queda cobardía en la palabra.

Malgasté tanta tinta,
en comodidades caducas
en quiméricas metas conquistadas
y en fingidos horizontes superados,
que falseé la felicidad añorada
disfrazando de orgullo vanidoso
lo banal de los premios obtenidos,
harapos mezquinos
de mi estoica subsistencia.

Pero por dentro, rasgados,
sangraban los párpados desnudos
del gemido brutal de mi derrota.

Hoy cierro ante el mundo, por derribo,
la galería del cinismo conveniente,
los escaparates que me anunciaban
invicto triunfador de mis miserias
y, una vez saldado el egoísmo a un usurero,
hago regresar mis pasos por la senda
para volver la mirada a lo importante.

Porque –podéis creerme–
ésta es la única verdad:
Sólo la libertad grita hacia afuera.

Por ello, os anuncio que he vencido,
que dejaré cargado de ilusiones
mi mensaje en las conciencias denostadas,
denunciaré con voz firme vuestra farsa,
y mi trova libertaria, como un grito,
se hará eco en el viento que amanece,
despertará las conciencias que dormitan,
y sembrará de nuevo entre los pueblos
un canto de esperanza en la utopía.

Vuestro poder, herido de egoísmo,
pretendiendo acallar vuestra conciencia,
intentará silenciar mis versos tras los muros
acusándolos, tal vez, de terroristas,
pero el eco de mi grito estará vivo
allá por donde el viento se propague
y con él, también yo, os lo aseguro,
enfrentaré la tiranía y seré libre.

© Antonio Urdiales ~ Octubre de 2003

A VECES

    A veces, sólo a veces, entre los brazos nerviosos de la espera, mientras surfeo soledades por las áridas dunas de mis pesadillas...