
A pesar de esas curvas sinuosas
que, sugerentes, invitan al abrazo;
de ese brillo aceitoso de tu piel
que refleja, como un sueño irremediable,
la sombra atardecida de mis ansias…
la sombra atardecida de mis ansias…
A pesar de esa pose de abandono
que sofoca el sopor de los sentidos
y estimula al amoroso roce,
que sofoca el sopor de los sentidos
y estimula al amoroso roce,
a la caricia dulce de unos dedos
que hagan ascender por tus quejidos
eternos vuelos de tenues mariposas…
A pesar de esos duendes que te habitan
y de esa levedad de tu cintura
que hagan ascender por tus quejidos
eternos vuelos de tenues mariposas…
A pesar de esos duendes que te habitan
y de esa levedad de tu cintura
que busca el acomodo de mis brazos,
o de esa dejadez, de esa desidia,
con las que ahíta de lujuria exhibes
con las que ahíta de lujuria exhibes
la obscena desnudez del santuario,
donde el eco se evade melodioso
en orgasmos de notas imposibles…
En esta noche eclipsada de angustia,
no rasgaré la armonía del silencio,
ni te daré mi abrazo milonguero,
ni te daré mi abrazo milonguero,
ni danzarán mis dedos vagabundos
por la escala de trastes de tu mástil,
amada guitarra mía, hasta que el alba
se beba sorbo a sorbo mi tristeza.
por la escala de trastes de tu mástil,
amada guitarra mía, hasta que el alba
se beba sorbo a sorbo mi tristeza.
© Antonio Urdiales Camacho ~ ® Marzo 2006