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martes, 30 de noviembre de 2010

Mar adentro





Cuando el sol descienda enrojecido
y atrevido se salte el horizonte
derrotada de ausencia
regresarás hasta la arena en penumbras
que esculpió la ardiente desnudez de nuestros cuerpos
y que la espuma borró tras mi último silencio.

Cansada de soñar fuera del tiempo,
escarbarás en la brisa
por si prendido en los flecos de su aroma
trajera algún atisbo de mi esencia
y escucharás atenta el lánguido lamento de las olas
por si surfeando silencios
te llegara el canto lejano de mi abismo.

Mas, ya, nada te hablará de mí,
ni el sol, ni las gaviotas,
ni la arena de la playa, ni las olas,
ni siquiera el húmedo gemido
que lloroso susurra el acantilado
te llevará el eco mudo de mi voz rota.

Tampoco el pálpito fugaz de las estrellas
que se inventan estelas de luz
donde dejan sus huellas tus deseos
serán senderos que anunciarán mi regreso,
porque, en la soledad donde habitará mi sosiego,
no se le abren nunca caminos al regreso.

Sólo el pálido silencio de la Luna
sabrá de mi epitafio mar adentro.


© Antonio Urdiales Camacho ~ Noviembre 2010

martes, 3 de agosto de 2010

Buenos días, silencio

















Cuando apenas si le quedan sombras a la aurora
ni minutos al reloj que me condena,
eternamente traviesos,
danzan los arpegios del silencio
por las cuerdas vacías del pentagrama.

Otra derrota más
que se derrama por el folio en blanco
en este ocaso ambiguo, sin linternas,
bajo este mismo cielo de soles eclipsados
que va difuminando en sombras la noche
mientras que por el sur de nuestra vergüenza acomodada
el hambre sigue borrando la sonrisa de los niños
y Gea, enfadada y vengativa,
derriba los tímidos corsés que la imponemos,
mientras mis musas se quedan atrapadas
en la espesa telaraña del ensueño
y el verso, casi siempre esquivo,
hoy, de nuevo, es utopía de ideales
que conjugo en futuro imperfecto
y que, embriagado en la tensa espera taciturna,
termina ahogado en su propio vómito.

Pero incansable el tiempo,
se columpia lúdico del péndulo
y marca el paso que disipa la existencia,
mientras desgrana sus tic-tac en soledades,
que naufragan en el mar embravecido
de este invierno encallado en su cruda crudeza,
y que a base de lodos, catástrofes y muertos,
no repara que por aquí,
por los juzgados corruptos de esta España nuestra,
se celebra un aquelarre vergonzoso
mientras que, ajena al frío,
a su deber y al deseo de todo un pueblo,
detrás del llanto lánguido de los cristales,
la justicia también se prostituye
y permite que los jueces,
al igual que ocurre con las putas,
le vendan a cualquiera sus favores.

Una tenue luz de amanecida
va difuminando la ventana en las paredes
y acelera los tic-tac que galopan irreverentes
por los surcos sudorosos de mis ansias,
mientras el eco agrandado de sus pasos
atraviesa el mutismo gregoriano de los claustros
y me golpea sin piedad los tímpanos
para saltarse a la torera mis angustias.

Continúa amenazando lluvia por los cerros
y por la vida seguirán los huracanes
sin que podamos realizar el exorcismo que nos salve.

Juguetón se asoma el sol tras una nube
y recojo mis últimos despojos,
tic-tac, que se derraman
como lágrimas dolientes del deseo,
sudarios que amortajan la esperanza.

Buenos días, silencio.

© Antonio Urdiales – Marzo 2010

viernes, 2 de julio de 2010

Como una maldición














Apagado el candil que hizo de estrella,
con pies de polvo, entre guijarros,
caminamos un tiempo a tropezones,
como esas hojas hastiadas de verano
que arrastra a su capricho el viento impetuoso.

Después,
como una maldición,
algo se interpuso en tu camino
y como se pierde el aliento con la muerte
entre silencios
terminaste por perder las huellas de mis pasos.

Durante un tiempo, mi sueño,
por los márgenes del viento,
deliró un gesto tuyo, una sonrisa
que no deshojara margaritas
ni viniera envuelta en celofanes,
que se acercara a mis miserias
con labios de fuego sin pijama.

Pero fue en vano la espera,
el otoño caducó la hoja que hoy
se arrastra por el suelo putrefacta.

Mas no te apures, amor esquivo,
que no es verdad que no te eche de menos,
porque aún espero que vengas a leerme
y te busco en cada instante que me evitas.

Mas si vieras que salpicado de nostalgia
mi árbol se derrumbara humedecido
no pienses bruja idolatrada,
que lloro tu ausencia ni un instante;
será, tal vez, que juguetón el sol
ha osado herirme las retinas
y la savia me rebosa por los ojos.

© Antonio Urdiales ~ 3 Noviembre 2003

viernes, 15 de mayo de 2009

¿Quién no se soñó poeta?















¿Quién,
tras olas cáusticas de hastío,
no abandonó el timón de los aullidos,
recogió palabras al ocaso
y navegando al pairo del silencio
no se perdió tras las sombras
en la calma chicha de un suspiro?

¿Quién,
infectado de ausencias cotidianas
no acudió por urgencias a la noche,
traspasó el umbral de sus misterios
y a la nostalgia callada,
que siempre está de guardia,
no suplicó, tal vez, una palabra amable?

¿Quién,
amparado en lo efímero del tiempo
no vistió de sonrisas su regreso
atusó los cabellos a la espera
y sobreviviendo su muerte prematura
no se mordió la pena a dentelladas
para callar su derrota frente al mundo?

¿Quién,
ciego de buscar en las tinieblas
no agarró el bastón de la botella
se sumergió en la ciénaga de las sombras
y hastiado de escribirse en soledades,
no tomó la pluma y de un plumazo
escribió silencio y puso fin a su poema?

¿Quién, en fin, no se soñó poeta en algún momento?


© Antonio Urdiales ~ Julio 2008

A VECES

    A veces, sólo a veces, entre los brazos nerviosos de la espera, mientras surfeo soledades por las áridas dunas de mis pesadillas...