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martes, 27 de diciembre de 2011

Hoy me nace una revolución a cada paso







Por los surcos de la vida
las ratas esparcen semillas de ocaso
mientras que por las aceras del día a día
el desencanto arrastra su sombra,
herido de desempleo, miseria y hambre.


Y por las esquinas del tiempo
asoman, insolentes, los cambios dirigidos
hacia oscuros intereses personales,
mientras que por las riberas de los parqués
vigilan, vestidos de noche hermética,
murciélagos hematófagos,
inquisidores vitales de la muerte,
para inyectar sus colmillos infectados
sobre emprendedores incautos y soñadores
viciando con su baba dictadora
el océano convulso de los mercados.


Hasta por los putrefactos subsuelos de la política
ruge el estruendo letal de la catástrofe,
se derrumban los castillos de arena construidos
y se convulsionan los despachos palaciegos,
donde las marionetas del poder
danzan al tétrico son que le dicta
la ambición desmedida de los bancos
y lucen, nerviosos, sus modelos de Armani
por las corruptas pasarelas de oropel
de las seudodemocracias que gobiernan
mientras anuncian drásticos ajustes para el pueblo.


Entre tanto, el paro es ya la peste de este siglo
y los recortes sociales, como una plaga,
extienden su vómito purulento
por las pieles desnudas del bienestar
hasta donde dormita hipnotizada la razón,
acomodada dulcemente en su silencio.


Por lo tanto, podéis creerme,
jamás ondeará en mi mástil
vuestra corrupta bandera de desprecios,
ni contaréis jamás con mi llanto derramado
porque hoy, que me nace una revolución a cada paso,
le abro al aire limpio las ventanas
y decido cercenar de mi existencia
cualquier acción que deshonre mi memoria.


Apartad pues, mediocres, de mi rumbo,
que no me motivan vuestros cantos de sirena
ni creo ya en la divinidad de vuestros dioses,
ni me preocupa que me tachéis de marginal,
que es hora ya de enterrar el miedo y los silencios,
de unir mi indignación a la de otros indignados
y salir a la calle, porque es nuestra,
para gritar junto a ellos la corrupción
que infecta a todos los poderes,
y dejar constancia de mi voz
junto a la de los demás poetas
que  han regresado la mirada a lo importante,
han desnudado las mentiras que os sostienen
y os dejan con vuestras ridículas vergüenzas,
como solemos decir por estos lares:
al ventestate, corruptos, al ventestate.


© ~ Antonio Urdiales ~ 07 Noviembre 2011


sábado, 24 de diciembre de 2011





Gracias a todos las/los que habéis tenido el detalle de pasar por este blog
y detener vuestros pasos leyéndome.

Para todas/os mis más sinceros deseos de PAZ y FELICDAD para estas fiestas navideñas y que el próximo 2012 venga cargado de más humanismo y razón que todos los que hasta ahora nos han precedido, pero también de paz y prosperidad, que buena falta nos hace, y además que las musas os regalen sus favores para que sigáis llenando el mundo de buena poesía.

Antonio Urdiales


jueves, 22 de diciembre de 2011

Qué será de mí, amor







Qué será de mí, amor, cuando a mi brújula
ya no le queden rumbos que orienten mi camino
y el horizonte sea una fotografía inamovible en mis retinas,
o cuando sin brasas que calienten mi miseria,
y cautivo y desarmado todo atisbo de entereza
exiliado de mí el ser, sólo sea estar…

Qué será de mí, amor,
cuando los perros rabiosos del Alzheimer,
que ya han sobrepasado mis primeras defensas,
saqueen a dentelladas feroces mis recuerdos,
y condenado a las sombras de esa ausencia absurda
el olvido conquiste el último bastión de mi memoria
y sea incapaz de hallar tu amor entre mis recuerdos…

Qué será de mí, amor,
cuando mi pasatiempo favorito
se limite a trenzar y destrenzar hebras de tiempo,
o a vestir de fantasiosa realidad
mis últimos sueños desubicados;
o cuando el silencio me desnude de palabras
y perdido en la oscura niebla de mi voz enmudecida
no halle entre tanto aliento derruido
los versos que hoy todavía
agitan las ansias vehementes de mi pluma,
para que ellos pudieran contarte de este amor,
que como colmena saturada, en éxtasis,
me bulle sin descanso a borbotones
por los cauces profundos del alma derretida,
desde el día en que mis ojos
descubrieron la luz del sol al mirarse en los tuyos.

Qué será de mí, amor,
cuando mis labios áridos de besos sólo beban soledad
porque la dulce humedad de los tuyos les sea ya desconocida,
o qué respuestas bordará tu voz cuando mis dudas,
perdidas entre las tupidas raíces
del oscuro manglar que engulla mi última lucidez,
te pregunte intrigado:

- ¿Y usted quién es, señora?

O cuando en mis ojos sin llanto sólo quepa
el horizonte desgastado y sin perfume,
que logre atisbar ligado al yugo amargo
del cristal de una ventana,
o el tímido asomo de una inconexa sonrisa
se dibuje bobalicona y sin motivo
cuando el mapa sedoso de tu piel
al tacto tembloroso de mis manos le sea ajeno,
o cuando desnudo de realidades
desvele las noches y los días
y tú no puedas ya cuidar de un imposible.
Dime, amor, ¿Qué será de mí, entonces?


© Antonio Urdiales ~ Octubre 2010