viernes, 28 de enero de 2011

Hoy no te hablaré de amor





Estos versos que hoy te escribo
sumido en un gran dolor
ya no te hablarán de amor,
que tengo un pie en el estribo,
y aunque el dedo acusador
me señale siempre altivo
con su tono despectivo,
no demostraré su error,
que me marcho fugitivo
para no hablarte de amor.

Persuadirte es lo que quiero
de que estás equivocada
¡ay! si vieras mi mirada…
¡Brilla más que mil luceros!
Y aunque de ganas me muero,
hoy, no te hablaré de amor,
ni versearé lisonjero,
porque es tanto el dolor
que destila mi venero
que no te hablaré de amor.

Y en la agonía de mi mente
la “a” del abecedario
dice amor constantemente,
la “b” dice beso ardiente,
la “c” sueña consecuente
con tu cariño a diario…
Podría seguir trovador
hasta acabar con la zeta,
mas hoy mi pluma, coqueta,
se niega a escribir de amor.

Y aunque me sangre el puñal
que en el pecho me has clavado,
y la herida sea mortal,
nunca diré –soy cabal–
que me muero enamorado,
o que a fuego abrasador
el corazón desangrado
tu nombre lleva grabado.
Pierde mi amor tu cuidado
que no te hablaré de amor.

Y así, parto a la aventura
a la que me envías de nuevo,
por eso ya no me atrevo,
ni siquiera con mesura,
a hablarte con galanura
ni a mostrarme seductor.
Y aunque deje soñador
un beso que mi locura
prendió cosido a una flor,
no pienses que, caradura,
con un pie en otra llanura,
yo quise hablarte de amor.

Que aunque haya sido un tunante
y puede que algo inconstante,
conquistador, calavera…
te amé tanto a mi manera,
que contigo fui un señor.
Parto, pues, que ya me espera
el horizonte anhelante,
siempre fui buen caminante
y nunca hallé una frontera
que me enfrentara arrogante.

Y como soy previsor
y no quiero ser cargante
me despido a mi manera:
Sin decir adiós siquiera,
que es el despido mejor,
porque jamás yo quisiera
que una lágrima insultante
en mi rostro apareciera
y distraído un instante
pudiera hablarte de amor.



© Antonio Urdiales ~ 30 Oct 2003

jueves, 13 de enero de 2011

Polifónico silencio



Siempre ha orbitado mi polifónico silencio
en el magma medular de mil metáforas
que sin punto de referencia en cada huella
emergen por la oscura chimenea del desvelo,
cuando el eco infinitesimal de mi voz muda,
renace tras la umbra cuántica de cada eclipse
y florece en la esencia piroclástica de un poema.

Así es como escribo,
sin manías ni artificios que engalanen mis carencias,
a veces, transitando el vuelo fugaz de una libélula,
otras, cabalgando tristezas por los flecos del abismo
y las más, profundizando hologramas de miserias,
pero siempre persiguiendo lo insondable,
alumbrado por la luz del sentimiento
y sin temor a las ardientes tormentas siderales,
ni a que mis barcos encallen derrotados
entre los dulces cánticos de sal de las sirenas.

Hay, es cierto, una tensión tectónica en mis singladuras
cuando alfarero de versos, con mis manos sobre el folio,
de barro telúrico moldeo cada sueño y le doy forma,
mientras el alma de la lluvia me late en el costado
y empujado por cáusticos vientos de entereza
un fuego sideral incendia las sombras de mis dudas
y me recorre irreverente las arterias.

© Antonio Urdiales ~ Enero 2011

miércoles, 5 de enero de 2011

Prohibido prohibir

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En estas horas que el ocio nos regala
cuando un nuevo año comienza su andadura
y la vida cansada se nos duerme
entre la lentitud perezosa de los pasos,
amablemente, deberíamos rebelarnos
ante la ronca y cruda voz de los espejos
y prescindir de tanto seso acumulado día a día,
de tanto y tanto aprendizaje domesticado,
devorar con gula el tiempo en los relojes
y regresar hasta las horas donde el ingenio infantil,
dibujando sonrisas al ocaso
y sacándole punta a la audacia,
se declaraba, sin saberlo, en rebeldía,
desterraba de sus prioridades perentorias
la religión, la gramática y el álgebra,
y se inventaba simpáticas coartadas para el ocio
que le llevaran a descerrajar los cerrojos del ocaso
y con un ¡ya voy, mamá! -que nunca iba-
gozar jugando hasta que la Luna comenzaba su andadura.

Quizás, también,
podríamos recoger todo ese tiempo
que vamos malgastando entre silencios
y dedicarnos, piel con piel, a pulirnos las escamas
que suelen nacer siempre en estos amores perpetuos,
y dejar que las manos aborden el tren de las pasiones
y regresen por senderos de lujuria sosegada
a ser artesanas de amores desahuciados,
que modelen, desnudas de miserias,
el ansia que dormita en las caderas,
e incendiar el deseo con los labios
para ir domando a fuego lento a la pereza.

Deberíamos, en fin, rasgar los tupidos corsés
que engañosamente acomodados, día tras día,
permitimos que nos fueran imponiendo,
destrabar la puerta que mantiene encerrada a la locura
y abrir de par en par las ventanas a la audacia
hasta que estalle el sol por todos los rincones
y escapen aterrados los viciados murciélagos de la abulia,
o hasta alcanzar el nirvana de aquella primavera,
que se negaba a nacer y a regalarnos su aroma
porque el olor a naftalina se había instalado en nuestras vidas,
cuando, con los cabellos aún empapados de lluvia
y sin miedo a los naufragios,
que nos irían proponiendo la intolerancia y las balas,
decidimos ignorar los viciados cantos de sirenas,
que nos prometían continuidad e inmovilismo,
y enfrentarnos a los órdagos de los dioses y sus verdugos
poniendo rumbo fijo a la utopía
mientras, sonriéndole a lo incierto del futuro,
pintábamos “prohibido prohibir” en las paredes
“y en la calle, codo a codo, éramos mucho más que dos”.

© Antonio Urdiales ~ Enero 2011

miércoles, 22 de diciembre de 2010

¡¡¡FELICES FIESTAS, POETAS!!!

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Quiero dejar constancia de mi agradecimiento a todas/os aquellas/os, sin excepción alguna, que a lo largo de este año han llegado hasta este blog y me han leído, pero de una forma especial a aquellas/os que además me han estimulado con sus comentarios.

Para todas/os mis más sinceros deseos de PAZ y FELICDAD para estas fiestas navideñas y que el próximo 2011 venga cargado de humanismo y razón, también de paz y prosperidad, y además que las musas os regalen sus favores para que sigáis llenando el mundo de buena poesía.


Antonio Urdiales

domingo, 12 de diciembre de 2010

Que no te impongan la ley de tu silencio






Ahora
que todavía cada aurora
pinta una luz distinta en el paisaje…
que aún distingues los aromas que perfuman las estaciones…
que las canciones toman el sol en el mirador de tu boca
y los versos aún te laten por las venas,
deberías sacarle filo al ofídico veneno de tu lengua
y levantar la voz hasta el cénit vertical de las verdades.

Ahora,
que la cordillera de tus recuerdos sólo es sombra
y no oscuridad al contraluz de tu poniente,
ahora que aún sigue siendo imprescindible
la palabra comprometida en un poema,
deberías desempolvar el grito en sepia que atesoras
y sacarle brillo a aquel “Prohibido prohibir” de las paredes
para defender a Assange y Wikileaks, sin más remilgos,
frente a aquellos que disfrazan realidades
y decapitan nuestro derecho a la información
cuando difunden sus verdades embusteras.

Ahora,
que algunos juegan a la guerra
vestidos de Armani y perfumados,
a resguardo del mordisco siniestro de las balas
mientras diseñan estadísticas y gráficas
con la sangre ajena derramada…

Ahora
que la verdad se secuestra y crucifica boca abajo
porque les deja al aire sus ridículas vergüenzas…
que la pederastia se ha instalado en los conventos
y se silencia bajo el estruendo petulante
del rojo cardenal de las sotanas…
que al mundo le esclavizan hipotecas
que engrosarán el enriquecimiento desmedido de unos pocos,
mientras que el hambre es una peste que se extiende
y cuenta ya sus muertos por millones.

Ahora, sí,
precisamente ahora, amigo poeta,
cuando tu voz se hace imprescindible,
no dejes que corrompan los principios de tu pluma
ni que ellos te impongan la ley de tu silencio.

© Antonio Urdiales ~ 09 de Diciembre 2010


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martes, 30 de noviembre de 2010

Mar adentro





Cuando el sol descienda enrojecido
y atrevido se salte el horizonte
derrotada de ausencia
regresarás hasta la arena en penumbras
que esculpió la ardiente desnudez de nuestros cuerpos
y que la espuma borró tras mi último silencio.

Cansada de soñar fuera del tiempo,
escarbarás en la brisa
por si prendido en los flecos de su aroma
trajera algún atisbo de mi esencia
y escucharás atenta el lánguido lamento de las olas
por si surfeando silencios
te llegara el canto lejano de mi abismo.

Mas, ya, nada te hablará de mí,
ni el sol, ni las gaviotas,
ni la arena de la playa, ni las olas,
ni siquiera el húmedo gemido
que lloroso susurra el acantilado
te llevará el eco mudo de mi voz rota.

Tampoco el pálpito fugaz de las estrellas
que se inventan estelas de luz
donde dejan sus huellas tus deseos
serán senderos que anunciarán mi regreso,
porque, en la soledad donde habitará mi sosiego,
no se le abren nunca caminos al regreso.

Sólo el pálido silencio de la Luna
sabrá de mi epitafio mar adentro.


© Antonio Urdiales Camacho ~ Noviembre 2010

viernes, 19 de noviembre de 2010

Era Octubre






¿Recuerdas?
                           Era Octubre...

En aquel banco del parque
distraías tu silencio
absorta en las piruetas increíbles
que dibujaban al caer
las hojas caducas de los álamos,
cuando sangrante de ocaso
agonizaba la tarde.

Aún abierto, sobre tus manos
un libro acomodaba su enjundia,
al tiempo que sus palomas mensajeras,
esperando ser despertadas,
hurtaban su mensaje mansamente adormiladas
en la dulce templanza
de los nidos de sus páginas.

El tiempo
arrastraba su tedioso latido por la esfera,
y yo, abrazado a mi soledad,
satírica sombra de mi ausencia,
abstraído en el instante,
paseaba mis guerras perdidas,
mientras que asidos al aroma dulzón
del tabaco de mi pipa,
se me iban durmiendo los sueños.

Nos miramos y
como abeja a la flor
una tímida sonrisa
vino a libar en tus labios
y sembró de perlas la brisa.


Era Octubre
                    y eras tú...
                                       ¿lo recuerdas?


© Antonio Urdiales ~ Octubre 2006

jueves, 4 de noviembre de 2010

Buenas noches, tristeza





Al caer la tarde
languidece la sonrisa de las flores.
Somnolientos los gorriones en sus nidos
ahuecan el plumaje y acallan su algarabía
mientras sueñan con eternas primaveras
o con campos de alpiste interminables.

Es esa hora transgresora,
del aroma fresco de la hierba,
que desciende del monte por el valle
y se mezcla con la brisa perfumada
por la esencia del maíz o de la alfalfa;
del trovador susurro del riachuelo
que evaporado de soles
divaga anhelando lunas
espejeando soledades de oro por el valle,
humedeciendo las ternuras de mimbrales y junqueras.

Desde la cúspide del suspiro
la luz se derrama a dos colores
sobre el tapiz de un horizonte que se esconde
dibujando sombra en los canchales
y sembrando sosiego en el alma, de tan bella.

Es la hora serena del encanto
del croar amoroso e insistente
de las ranas en las charcas
o el monótono canto de los grillos.

La hora relajada del anhelo,
de la espera taciturna de una ausencia,
del baño cotidiano de memoria
que obliga a bucear por los recuerdos
tras constatar la rutina del fracaso,
esa hora, en fin, donde al pairo de los recuerdos
se rumian callados los quebrantos
o se mascan los gritos al desgaire
porque el pulso triste del latido
tensa las cuerdas del pecho
y le arranca un suspiro al inconsciente
mientras siembra humedad en las pupilas.

Buenas noches, tristeza.


Antonio Urdiales Camacho ~ Junio 2003

viernes, 8 de octubre de 2010

Fluirá el tiempo en rápido torrente

























El polvo del camino irá difuminando mi recuerdo
y el fuego del hogar, otrora llama viva,
tímido rescoldo será de mi presencia.

Fluirá entonces el tiempo en rápido torrente,
que arrastrará imparable el eco de mi sombra,
la luz del día te traerá tonos de olvido
y por las rocas, juguetona, saltará la tarde.

Mas, en la noche, el silencio será mudo testigo
del vacío de mi hueco sobre el lecho.

Eternamente descarado,
el deseo incendiará tu memoria,
arderás sin paz en el volcán de los recuerdos
y tu piel,
apremiada por el acoso vehemente de tus dedos,
evocará las dulces caricias de mis manos,
mas sólo la almohada apagará tu gemido solitario.

Después, llegará salvadora la mañana,
que tenderá puentes entre tus abismos de nostalgia
y tras las nubes traerá el Sol hasta tu ventana.

Dorarás hábilmente de trigo tus ojeras
sembrarás los pómulos de suaves amapolas
y volverás sonriente a este lado del espejo.

Mas, de nuevo, el ocaso inquietará la tarde
e insolente llegará la noche hasta tu alma.

En la penumbra intentarás acariciar mi ausencia
y desandar el tiempo hasta encontrar mi abrazo
para borrar aquel adiós de tus palabras...

Vano intento, pues la brisa callada y cálida
silenciará en la arena del desierto tus suspiros
y disipará el espejismo atormentado de tus lágrimas.

© Antonio Urdiales ~ Marzo 2010

sábado, 25 de septiembre de 2010

Hoy, 20.000 niños morirán de hambre


















Ni tras las hojas del roble poderoso
el sol se rompe en mil pedazos…
ni la brisa retoza juguetona con el trigo
bajo la cintura entallada de la tarde…
ni dibujando contrastes tras los cerros
el ocaso incendia cárdenos suspiros…
ni vestida de novia la Luna
arrastra, coqueta, su encaje blanco
por la copa del viejo roble solitario…

Salvo el dolor
navegando océanos de recuerdos,
nunca queda nada… nada,
tras el pálido aliento de la muerte.

Y nada te quedó, poeta,
tras la niebla holgada de su ausencia.

Hoy, embriagado de horas solitarias,
en el compás que compone tu amargura,
sobre el pentagrama diáfano del tiempo,
sólo cuelga sus corcheas el silencio.

Pero ¿desde cuándo el lánguido lamento
fue tu copla predilecta?
¿desde cuándo el fracaso tu cilicio?
¿desde cuándo las fraguas forjan llanto?

Sal poeta del marasmo de tu angustia
y rasga el ansia insolente que te asfixia
hasta ampliar el horizonte de tu pena
y abrir un nuevo frente de batalla,
porque, al igual que ayer, hoy
veinte mil niños morirán de hambre.


© Antonio Urdiales Camacho ~ 10/2006

domingo, 5 de septiembre de 2010

Aquel amor


















No me quedan silencios que callarme
ni palabras calladas que decirte.

Sólo ese orgullo estoico que padeces
me sostiene amarrado en tu memoria
y arrastra los grilletes de mi ausencia
por sombras de locura iluminada
camino del cadalso que te obsequio.

Y aquel amor que zarpaba promesas
y abrazaba palabras en el viento,
hoy navega sin rumbo soledades
por estelas plateadas de distancia.

Y aquel amor que huérfano de piel,
un tiempo fue poema y agonía
de la loca locura de mi anhelo,
hoy oscila sin vida, putrefacto,
colgado de la soga de horas negras
que asfixió mis esperas taciturnas,
la certeza de ser lo que esperaba
y el dolor de inventarte cada día.

Y aquel amor indómito y salvaje
que incendiaba hasta el verde de los pastos
a orillas del arroyo en el ocaso
o inventaba coartadas al silencio
hoy invita a las larvas de mi olvido
a un macabro festín con tu recuerdo.

© Antonio Urdiales ~ 10 de octubre de 2008

A VECES

    A veces, sólo a veces, entre los brazos nerviosos de la espera, mientras surfeo soledades por las áridas dunas de mis pesadillas...