domingo, 6 de mayo de 2012

Poco a poco (Poema para el día de la madre)







Como heridas de plomo,
las alas serenas de sus ojos
le fueron anclando la mirada a la ventana
y el jilguero alegre de su verbo
-amante natural desde la infancia-
derrotado ya el vuelo de horizontes,
acabó prisionero taciturno
en las celdas oscuras del silencio.

Aún decía mi nombre en el ocaso
y me preguntaba por ti, Josefina,  cuando
abrazada dócilmente a su letargo,
con ese paso cansado del regreso,
fue rompiendo los lazos afectivos
que la unían a un presente desbocado
y retornó por hebras de recuerdos
hasta la eterna espera del amado
ante la puerta de una cárcel donde
-vencido en la guerra- se pudría el terror
al chirrido mortal de los cerrojos al amanecer;
o hasta las fabricas de un París almidonado
donde emigró su hambre adolescente
y de donde tuvo que regresar
cuando la traviesa alegría de su hermana menor
acabó agonizando bajo las ruedas de un coche;
o hasta la plaza polvorienta de su pueblo
donde quizás le diera  el primer beso al esperado,
sin entender por qué, en este otro lado de su vida,
inflamado del enraizado amor de hijo que aún me habita,
un desconocido abría la puerta de su intimidad
y le atusaba sus cabellos plateados con paciencia
o abrazaba con ternura sus momentos del pasado
y en su ceguera,
hasta le daba cariñosos besos a su infancia.

Y así, poco a poco,
como se evade la fragancia de un aroma,
el paso ágil de su sombra
dejó de dibujarse en las paredes
y se fue disponiendo para el sueño,
amarrada a una silla de ruedas, primero,
y anidada entre sábanas, después,
hasta que el aliento, carcomido de esperanza,
comenzó a divorciarse del deseo
y sin ruido alguno, como fue su vida,
gastó su último suspiro,
tomó su tren hacia su noche
y se hizo recuerdo eterno en mi memoria.

© Antonio Urdiales Camacho


En recuerdo de quien el Alzheimer me fue robando poco a poco, mi querída madre.

jueves, 8 de marzo de 2012

Poema para el día de la mujer: Qué lejos quedaba la sonrisa







De sentimiento a sentimiento
como dardos impregnados de veneno
volaban sin descanso los insultos
intentando derribar las murallas del contrario.

De pronto, en parábola perfecta,
le llegó el primero. Sobre un ojo.
Fue el que abrió una grieta en sus defensas
y vistió de luto riguroso su arrebato.
Bastardos de los celos y la ira,
implacables cirujanos de su arrojo,
fueron cayendo uno tras otro,
hasta extirpar poco a poco su entereza
y barrenar la fuerza de su instinto.

Entre borrascas de alcohol,
disculpas mendigadas y perdones concedidos,
hubo tantas tormentas cada año
y eclipsaron el sol a tantos días,
que su miseria acabó acostumbrándose
a un cruento genocidio de promesas,
a esconder el temor en su mirada,
al estruendo del puño en pleno rostro,
al eléctrico escozor de la piel tras cada cintarazo
o al lúgubre crujido del zapato contra el hueso.

Sólo el pavor a las irascibles consecuencias
y la sumisa moral educativa
inseminada en colegios religiosos,
lograron que no aireara al mundo
el amargo dolor de su fracaso
y que aprendiera a arrebujarse en su defensa
intentando que los golpes dejaran menos marca,
sin encontrar jamás una válvula de escape.

Qué lejos quedaba la sonrisa
de aquella fotografía donde vestía de blanco
y cuánto odiaba ahora aquel momento.

La felicidad es una utopía inalcanzable,
se repetía día tras día,
olvidando en su ceguera que el horizonte
no terminaba en el umbral de su puerta
y que sólo un paso más allá
siempre hay un tren esperando
con parada obligada en la estación Esperanza.

Mas cuando quiso reaccionar ya fue tarde,
llevaba asimilado hasta la médula
el mordisco de la muerte en cada golpe,
el espanto de los lirios en el rostro,
el pavor atravesando las pestañas,
y la sangre gritando a borbotones
su cálido y húmedo escalofrío
por los huecos de veinte cuchilladas.

Ni siquiera alcanzó a oír
el seco sonido de la muerte
al golpear la acera con su rostro.


© ~ Antonio Urdiales Camacho


Muchas felicidades, mujer, por el mero hecho de ser mujer, y como ellas, las maltratadas, también lo son, permitidme que me acuerde de ellas precisamente en su día y suba este poema de nuevo.

domingo, 4 de marzo de 2012

Paseando mi derrota por tu acera










 
Si algún día, mujer,
tras ese tímido pudor de adolescente
que engalana la madurez de tus mejillas,
te hallaras agotada de fingir
que no me has visto arrastrar
por tus aceras mi derrota,
y en un asomo de  serena cordura
decidieras, así, como al descuido,
desterrar el orgullo que me calla
y abrirme las fronteras de tus ojos,
verías que, mientras tú te mientes
la excusa doliente que me evade, yo,
por prevenir la espontaneidad
de abarcar tu cintura con mis brazos,
decido hacer callar mis manos
tras el frío desdén de los bolsillos,
y para evadir las ansias locas de besarte,
sin más testigos que mi fiel silencio,
hago sangrar mis labios con los dientes.
 
© ~ Antonio Urdiales ~ 12 de Noviembre de 2011
 
 
 

domingo, 5 de febrero de 2012

Excepto amarte olvido tantas cosas






Ya sé mujer que una vez más
excepto amarte he olvidado tantas cosas
que merezco el tierno reproche que me ofreces, pero…


Qué le iba a hacer,
si como desertan con el primer sol de amanecida
los besos paganos de una noche trasnochada,
entre relámpagos fugaces de iluminada locura,
corroídos de tiempo y a hurtadillas
se me iban evadiendo los silencios
y con ese aroma sereno a pan recién horneado
las palabras comenzaban a alimentar mis manos…


Qué le iba a hacer,
si desde ese fondo que nunca nos muestran los espejos,
desde esa otra sombra sin rostro
donde se ocultan silentes los inversos
que acaban dándole sentido a la carne,
al cálido sol de la paz serena del estero,
arracimados entre la verde grama,
comenzaban a florecerle los verbos a mi pluma…


Qué le iba a hacer,
si desde ese ansia de tinta
que me hormiguea quisquillosa entre los dedos,
o desde este dolor de páginas aún no escritas
que me sacude las ternuras del ensueño,
o, tal vez, desde esta angustia de silencios que padezco,
ebrios de noche y luna amartelada
y aglomerados como en pateras de papel
se me hacían a la mar los versos,
mientras que entre los picos seráficos
de eclécticas palomas mensajeras
me llegaban aromas sutiles de metáforas
sometidas a la geometría definida de tu nombre.


Qué le iba a hacer, amor,
si como manantial en el desierto
palmerales de sueños perfilaban mi orografía
y los verbos como lava candente
emergían de la profundidad de mi subsuelo
hasta la nívea llanura del folio en blanco,
y en el impúdico escalofrío
de esa luna nueva que amanecía
se me había llenado de soles ardientes la noche
y embebido en la liturgia esta de amarte
las palabras me nacían a raudales
y no pude evitar soñar que era poeta.


Ya, ya sé mujer que, cada día,
excepto amarte, olvido tantas cosas…




© ~ Antonio Urdiales ~ 08 de Noviembre 2011

miércoles, 18 de enero de 2012

En el norte beduino de mi brújula


 

 

 

 

 




 
Por más que tus cañones furibundos
me horaden a andanadas la memoria
no cavaré trincheras que me oculten
ni rendiré al olvido mis palabras
sin defender hasta el último verbo mi estandarte,
porque en la fragua donde alienta mi esperanza
jamás  forjé almas de cántaro
y siempre mantuve un sueño inalcanzable
con su brillo incandescente refulgiendo
en el norte beduino de mi brújula.

 

Voy a luchar contigo sin cuartel,
y romperé, sin más, cada tregua que propongas,
hasta arrancarte de mí o tú me arranques,
que nunca fue papel mojado mi entereza
ni frente a ti mis manos serán jamás de barro,
que sin miedo a los terrones de la vida
siempre me he asido  fuerte y recio
al vértigo impenetrable  del arado riguroso,
intentando horadar los surcos rectos y profundos,
siempre con el horizonte como meta
persiguiendo sin descanso eso que algunos,
casi siempre los que mandan, llaman utopía.

 

Te enfrentaré cada aurora y cada ocaso
y velaré mis carencias por si aumentan,
tutelaré cada rostro conocido, cada recuerdo, cada beso,
mimaré cada metáfora, cada verso,
y me tragaré sin temerte cada angustia
que no me iré de aquí, traidor Alzheimer,
sin presentarte batalla hasta mi último silencio.


 
 
© Antonio Urdiales Camacho ~ 2010


 

martes, 27 de diciembre de 2011

Hoy me nace una revolución a cada paso







Por los surcos de la vida
las ratas esparcen semillas de ocaso
mientras que por las aceras del día a día
el desencanto arrastra su sombra,
herido de desempleo, miseria y hambre.


Y por las esquinas del tiempo
asoman, insolentes, los cambios dirigidos
hacia oscuros intereses personales,
mientras que por las riberas de los parqués
vigilan, vestidos de noche hermética,
murciélagos hematófagos,
inquisidores vitales de la muerte,
para inyectar sus colmillos infectados
sobre emprendedores incautos y soñadores
viciando con su baba dictadora
el océano convulso de los mercados.


Hasta por los putrefactos subsuelos de la política
ruge el estruendo letal de la catástrofe,
se derrumban los castillos de arena construidos
y se convulsionan los despachos palaciegos,
donde las marionetas del poder
danzan al tétrico son que le dicta
la ambición desmedida de los bancos
y lucen, nerviosos, sus modelos de Armani
por las corruptas pasarelas de oropel
de las seudodemocracias que gobiernan
mientras anuncian drásticos ajustes para el pueblo.


Entre tanto, el paro es ya la peste de este siglo
y los recortes sociales, como una plaga,
extienden su vómito purulento
por las pieles desnudas del bienestar
hasta donde dormita hipnotizada la razón,
acomodada dulcemente en su silencio.


Por lo tanto, podéis creerme,
jamás ondeará en mi mástil
vuestra corrupta bandera de desprecios,
ni contaréis jamás con mi llanto derramado
porque hoy, que me nace una revolución a cada paso,
le abro al aire limpio las ventanas
y decido cercenar de mi existencia
cualquier acción que deshonre mi memoria.


Apartad pues, mediocres, de mi rumbo,
que no me motivan vuestros cantos de sirena
ni creo ya en la divinidad de vuestros dioses,
ni me preocupa que me tachéis de marginal,
que es hora ya de enterrar el miedo y los silencios,
de unir mi indignación a la de otros indignados
y salir a la calle, porque es nuestra,
para gritar junto a ellos la corrupción
que infecta a todos los poderes,
y dejar constancia de mi voz
junto a la de los demás poetas
que  han regresado la mirada a lo importante,
han desnudado las mentiras que os sostienen
y os dejan con vuestras ridículas vergüenzas,
como solemos decir por estos lares:
al ventestate, corruptos, al ventestate.


© ~ Antonio Urdiales ~ 07 Noviembre 2011


sábado, 24 de diciembre de 2011





Gracias a todos las/los que habéis tenido el detalle de pasar por este blog
y detener vuestros pasos leyéndome.

Para todas/os mis más sinceros deseos de PAZ y FELICDAD para estas fiestas navideñas y que el próximo 2012 venga cargado de más humanismo y razón que todos los que hasta ahora nos han precedido, pero también de paz y prosperidad, que buena falta nos hace, y además que las musas os regalen sus favores para que sigáis llenando el mundo de buena poesía.

Antonio Urdiales


jueves, 22 de diciembre de 2011

Qué será de mí, amor







Qué será de mí, amor, cuando a mi brújula
ya no le queden rumbos que orienten mi camino
y el horizonte sea una fotografía inamovible en mis retinas,
o cuando sin brasas que calienten mi miseria,
y cautivo y desarmado todo atisbo de entereza
exiliado de mí el ser, sólo sea estar…

Qué será de mí, amor,
cuando los perros rabiosos del Alzheimer,
que ya han sobrepasado mis primeras defensas,
saqueen a dentelladas feroces mis recuerdos,
y condenado a las sombras de esa ausencia absurda
el olvido conquiste el último bastión de mi memoria
y sea incapaz de hallar tu amor entre mis recuerdos…

Qué será de mí, amor,
cuando mi pasatiempo favorito
se limite a trenzar y destrenzar hebras de tiempo,
o a vestir de fantasiosa realidad
mis últimos sueños desubicados;
o cuando el silencio me desnude de palabras
y perdido en la oscura niebla de mi voz enmudecida
no halle entre tanto aliento derruido
los versos que hoy todavía
agitan las ansias vehementes de mi pluma,
para que ellos pudieran contarte de este amor,
que como colmena saturada, en éxtasis,
me bulle sin descanso a borbotones
por los cauces profundos del alma derretida,
desde el día en que mis ojos
descubrieron la luz del sol al mirarse en los tuyos.

Qué será de mí, amor,
cuando mis labios áridos de besos sólo beban soledad
porque la dulce humedad de los tuyos les sea ya desconocida,
o qué respuestas bordará tu voz cuando mis dudas,
perdidas entre las tupidas raíces
del oscuro manglar que engulla mi última lucidez,
te pregunte intrigado:

- ¿Y usted quién es, señora?

O cuando en mis ojos sin llanto sólo quepa
el horizonte desgastado y sin perfume,
que logre atisbar ligado al yugo amargo
del cristal de una ventana,
o el tímido asomo de una inconexa sonrisa
se dibuje bobalicona y sin motivo
cuando el mapa sedoso de tu piel
al tacto tembloroso de mis manos le sea ajeno,
o cuando desnudo de realidades
desvele las noches y los días
y tú no puedas ya cuidar de un imposible.
Dime, amor, ¿Qué será de mí, entonces?


© Antonio Urdiales ~ Octubre 2010



sábado, 19 de marzo de 2011

La paz de su silencio (Poema para el día del padre)






Tal vez, como nació
donde la tierra es siempre ancha
y el sol entre amapolas dora trigos,
se acostumbrara a la voz grave del arado
delineando surcos hasta el cielo
o al gesto sincero de la hoz en la gavilla,
mientras libre del lastre cotidiano
la mente volaba a las estrellas.

O tal vez, como jugó después
de sol a sol con la pobreza,
forjara sobre el trillo resecado
mil sueños de juegos increíbles
mientras giraba y giraba en la parva
al paso perezoso de las mulas,
que sometidas al rigor del yugo y de su voz
iban desgranando las espigas cosechadas,
o canturreando apenas en susurros
recuerdos de un colegio prematuramente abandonado:
Dos por dos, cuatro… tres por dos, seis…
pero siempre con la mirada serena
fundida más allá del horizonte,
sin sospechar que el futuro sería un desvarío,
en forma de guerra fratricida y celda oscura,
que se llevaría diez años de su vida.

Llegaron después otros vientos de miseria,
tiempos de hambruna y de postguerra vengativa,
de ostentosa demencia bajo palio
que aplicó oxidados cerrojos a la aurora,
amordazó a la brisa fresca su susurro
y se redimió entre misas a destajo,
pútridos huesos de santa en la mesilla
o el rezo constante de meapilas
adoradores del parduzco fru-frú de las sotanas.

Tal vez, por ello,
llevara el poso de la vida
agotado de palabras sospechosas
y a sus sueños de bohemia lucubrada
les sobraran surfeo de terrones
y les faltaran diccionarios sometidos
o tal vez fuera
que jamás le tuvo miedo a lo imposible
ni se amoldó a la paz acobardada
que impone siempre el yugo dominante.

Aburrido de silencios exiliados
se fue un nueve de septiembre
a buscar el suyo
cuando la aurora desnuda
se paseaba coqueta entre olivares
y la noche callada, inmensa,
cansada de cantarles nanas a los gorriones,
que mientras soñaban su ración de saltamontes
dormitaban en la paz del viejo sauce,
se retiraba agotada, igual que él,
en busca de la paz de su silencio.

A la memoria de mi querido padre.


© Antonio Urdiales Camacho ~ ® 09/2008

martes, 8 de marzo de 2011

Mucho ruido y pocas nueces




Presumía, siempre, un lirón
de tener gran herramienta
y una “lirona”, que hambrienta
tenía su condición,
le invitó hasta su rama
para “in situ” comprobar
si era cierto y disfrutar
con el Lirón en su cama.

Mas cuando hubieron llegado
comprobó muy sorprendida
que del arma pretendida,
de la que él había hablado,
tras tomarle la medida
no había ni para un bocado.

Y así le dijo al Lirón
viendo el tamaño del arma:
¡Lironcillo de mi alma!...
¿sólo hasta ahí se te empalma?
¡Si es como la de un ratón!
¡La de mi novio sí que era!…
¡Qué herramienta! ¡que hermosura!
pero era tan caradura
que murió en una huronera
mientras amaba a una hurona.
Mortalmente cayó herido
a manos de su marido,
que lucía como corona
los cuernos que le había puesto.
Y con ellos le atacó
cuando él ya acababa el sexto.
Y así es como lo mató
un cornudo descompuesto.

Pero en fin ya que aquí estamos
y aunque tan pequeña sea…
Ven aquí, deja que vea
de qué forma disfrutamos,
a ver si después de todo
esta noche duermo sola.

Mira, levanta mi cola
y a ver si encuentras el modo
de ubicar esa cosilla…

¿Qué si me haces daño -dices-
con la punta de tu quilla?
La cosa tiene narices.
-Pues sólo me haces cosquillas.

Y es que gasta mucha guasa
este invento del amor
y así pasa lo que pasa
que a unos les falta masa
y a otras nos sobra ardor

¡Ay! cuánto ha de sufrir una
en cuanto sale la Luna
para apagar su pasión.

Atácame sin conciencia
¡muévete un poquito, guapo!
verás que pronto destapo
el tarro de las esencias.

¡Ay! Qué vida tan canalla
en este mundo de machos
-y lo digo sin empacho-
la de lirona fogosa:
Los lirones nunca callan
y hablan tanto de su cosa
y de forma tan rumbosa
que a la primera ocasión
que tienen de demostrarlo,
resulta que hay que adornarlo
de mucha imaginación
para que dé las medidas
de las que se ha presumido,
y a nosotras compungidas
-pues siempre nos sobra nido
para dar buena acogida
a todo un amplio surtido
de esas cosas tan sentidas-
nos dejan algunas veces
ante tantas pequeñeces
como dice el hortelano
de tormentas de verano:
¡¡¡Mucho ruido y pocas nueces!!!

© - Antonio Urdiales Camacho




viernes, 11 de febrero de 2011

Faraones del hambre (sangre, sudor y lágrimas)






Tras el osado ataque a la manada
flotará un quebranto de quejas en el aire
y por los sótanos oscuros del espanto,
avergonzada en su mísera miseria,
se irá acurrucando la esperanza
mientras las bien dotadas fauces
de las sanguinarias las hienas
devorarán impunes los ayes sometidos
y fijarán su diezmo de sangre para el futuro.

Después, sedientos de sudor ajeno,
en nutrida bandada
llegarán los buitres y otros carroñeros
que se disputarán los despojos desgarrados
que robaron a las hienas ya saciadas
hasta que el pútrido olor de la muerte
atraiga a un enjambre de moscas insaciables
que irán succionando la frescura de las lágrimas
y con ellas hasta los últimos suspiros.

Así ha sido siempre,
y siempre a lo largo de la historia
tras el ataque feroz y en minoría,
de las crueles hienas engoladas,
ha nacido tras la espantada del rebaño
un silencio cómodo y culpable;
culpable sobre todo porque callan.

Mas si sólo en el pavor mayoritario
del desalentado silencio acobardado
reside la grandeza de las hienas
y la impunidad presuntuosa
de sus huestes asesinas…

¡Decidme!
valerosos faraones de la miseria
¿Quién dijo miedo?


© Antonio Urdiales ~ 28 de Enero de 2010 

A VECES

    A veces, sólo a veces, entre los brazos nerviosos de la espera, mientras surfeo soledades por las áridas dunas de mis pesadillas...