
¿Quién,
¿Quién,
¿Quién, en fin, no se soñó poeta en algún momento?
antonio urdiales camacho




derrumbanque sostuvieron castillos en el aire
agotados
los cimientos
Corsario de sueños imposibles,
el sol del amanecer despeja
los restos del naufragio del delirio
y transborda a su bajel de realidades
el cofre cicatero de un tesoro
repleto de miserias cotidianas.
Derrotadas,
las ilusiones rompen esclusas
y desbordan una lágrima furtiva
que resbala lenta hasta la copa.
Se aprietan los dientes hasta la queja del crujido,
se espantan los quebrantos de las dudas
y la mirada desafía retadora el horizonte.
Temblorosa,
la rutina toma la copa
y la vida,
ardiente de soledad,
se traga en su lánguida miseria
la lágrima y la amargura.
Buenos días, tristeza.
© Antonio Urdiales Camacho ~ ® Marzo 2003



Decidme dónde,
dónde la palabra,
dónde…
dónde...


Entre la tarde y la aurora,
amparado en el silencio,
en un recodo del lecho
o en una arruga del alma,
se me ha perdido tu sueño.
O en el canto del riachuelo
que salta de roca en roca
y baña mis sentimientos
para lavarles la cara,
se perdió tal vez tu sueño.
Acaso cayó entre el polvo
el que envuelve a los recuerdos
o en el rocío evaporado
voló cabalgando al viento
y fue en busca otro sueño.
O pudo ver reflejadas,
en el espejo del tiempo,
las nieves de su silencio,
y en busca de primaveras,
es que se marchó tu sueño
Quizá el velo de su cuerpo
anhelaba otras caricias
para encender nuevos fuegos
donde consumir sus ansias
y renacer nuevo sueño.
Tal vez se hallara cansado
de ser sólo un dulce sueño,
y aunque quisiera encontrarlo
y decirle que lo siento,
no puedo, no tengo sueño.
© Antonio Urdiales ~ ® Enero 1999
Una de mis dos neuronas
se ha negado a funcionar.
Los quería felicitar
estas Fiestas sabrosonas,
por el champán y el caviar,
y una que dice que nones
y la otra que se me queja,
me dice que ella está vieja
y de todos los “marrones”
se libra la otra “pendeja”.
Así que, lo siento amigos,
pocas luces que uno tiene,
el 2009 que viene,
mis neuronas como un higo,
y no es por falta de higiene
que las lavo con alcohol,
a diario, varias veces,
incluso, a veces, con creces,
y las dejo como un sol,
¡que se dejen de memeces!
Y es que se quejan de vicio,
que siempre están regañando
y yo ya me estoy hartando
de sentir el estropicio,
que forman de cuando en cuando.
Así que yo, a lo que iba…
Sí... pues... quería desearles
¡que pasen muy buenas fiestas!
Y que se gasten en éstas
-no pretendo influenciarles-
cada uno lo que quiera...
Y a ese cuñado payaso
que tenemos, pues ni caso,
y si es la suegra o la nuera...
-que de una a otra hay un paso-
pues, como todos los años,
a callarse, que la cena
luego después se envenena
y en las tripas te hace daño,
y en lugar de... “hacer faena”,
-como dicen los taurinos-
pasamos, como cretinos,
solos, la noche en el baño.
Y así siempre, año tras año,
como el anterior, amigos.
Y tu mujer que te dice:
¡Si no hubieras bebido tanto!
y no... que ahora... ya ves
¡con dos palmos de narices!
Ya es que ni de mes en mes...
y ya no recuerdo cuando
"lo hicimos" la última vez...
Y tú, con dolor de tripa,
y es que el champán era malo,
¡como el bueno cuesta caro!...
y estaba caliente... ¡coño!
que la suegra, por ahorrar
para ir a tintarse el moño,
ni un Euro quiere gastar
en comprar un frigorífico,
y a este le tiene que atar
con una cuerda la puerta
para que pueda enfriar.
Y el asado estaba duro,
y las pastas muy grasientas,
y la suegra, muy contenta
tras el “éxito” obtenido
con el cordero y el vino,
reparte después los puros...
¡Más secos que un ojo tuerto!
y te dice: ¿Otra copita?
Y el suegro -el pobre- te mira
cual cordero degollado,
como está siempre callado
porque si habla le dicen:
Tú, cállate, fulano
que tú, de eso no entiendes.
Por eso el hombre comprende
por lo que estamos pasando...
¡cualquiera se atreve a hablar!
y, por eso, él.... sólo mira
como diciendo... ¡anda, hombre!
por un sacrificio más...
Tú estás por decir que no,
porque el güisqui es peleón,
mas... tu mujer que te mira,
como miran las mujeres
cuando de veras te miran,
y tú sientes... que te mueres...
que ya te suenan las tripas…
Pero al ver esa mirada
y escucharle a la cuñada
como le dice a la hermana:
No, si nos dará la cena
el día de Nochebuena.
Seguro que ya ha bebido
en el bar con los amigos,
porque con ellos sí bebe…
Si hasta me han dicho que tiene
en el bar un reservado
donde acude de tapado,
vete tú a saber por qué…
Mas… no quiero decir nada,
que no me gusta pinchar
Y tu mujer que contesta:
Qué cosas tienes, mujer,
¡Si me entero que algún día
se me va con otra tía,
todo lo que tiene de hombre,
que es más bien poco que mucho,
se lo corto y para el chucho.
Ya no hay nada que te asombre
y le dices a la suegra...
Bueno... pero poquito... que luego...
Y aquí es dónde salta el cuñado
–ese gordo y colorado
que sólo piensa en tragar–
¡Es que luego se emborracha,
como no está acostumbrado!
Y tú sonríes por fuera,
más por dentro estás pensando
¿se creerá que hace gracia
este tío tan pesado?
Más... ya me he vuelto a revirar
y esto ya se está alargando
sin que haya podido hablar
de mis deseos para ustedes.
Deseo que “vuesas mercedes”
tengan a bien disculpar
si me desvié del tema,
y es que llega Nochebuena
y les quería desear,
que tengan muy buena cena,
eso sí, en plan familiar,
y... ¡que se olviden de penas!,
que el 2009 ya llega
y seguro que vendrá
repleto de cosas buenas.
Paz, amor, felicidad,
son cosas que los desea,
de corazón, de verdad,
de esta sencilla manera,
tan larga como sincera,
un buen amigo de ustedes
que les admira y les quiere...
Antonio Urdiales… ¡Ya está!
© Antonio Urdiales ~ ® Diciembre 2008

